Capítulo 7

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—¡Dios mío! —despertó Blake— Mi cabeza me duele.

Calder no estaba a su lado, ella sabía que se encontraba a salvo en el camarote, pero justo en ese momento, no recordaba si en algún momento de la noche había llegado su marido. No podía creer lo mal que se sentía y peor, no recordaba nada en lo absoluto.

—Sí, es normal que duela cuando uno se toma casi dos botellas de vino tinto en soledad.

—No hables tan fuerte —pidió a su marido.

—Ah lo siento, pero es mi tono normal de voz.

—Eres un dolor de cabeza... literalmente.

Calder sonrió y se acercó a ella con un vaso de líquido sospechoso en él.

—Tómatelo todo, te ayudará.

—¿Qué es esta cosa?

—Un tónico para cuando uno se pasa de copas, es para las resacas.

—¿Dónde lo conseguiste?

—Bueno, tengo mis contactos, anda bebe un poco.

Blake lo hizo, comprobando lo asqueroso que podía ser la salvación a su mal despertar. Se lo empinó de una sola vez y luchó un poco por no devolverlo todo.

—Es horrible.

—Sí bueno, es la consecuencia por divertirte de más anoche.

La joven mujer se sonrojó y mirando de soslayo a su marido, preguntó lo que rondaba su corazón.

—¿Acaso nosotros...?

—No —tranquilizó—, aunque lo sugerías.

—Lo siento, en serio agradezco que... que me cuidara en ese sentido.

—Cuando te haga el amor, lo vas a recordar, mi cielo.

Blake pareció interesada en demasía en el vaso vació que Calder le había entregado.

—Ahora que estoy sobria —lo miró— ¿Puedes escuchar mi plan?

—Con un demonio —se puso en pie—, en serio que no te das por vencida.

—Nunca. Al menos deja que te lo platique.

—Bien, si con eso lograré que se te salga de la cabeza.

—¡Al fin! —expiró ella—, mira, si dicen que esos hombres te robaron, seguramente lo tienen en su propio barco, ¿no es así?

—Sí, pero no dejarán que nadie suba ahí si no es de los mismos marineros.

—Bueno, hagamos pasar que soy una de esas mujeres de la que ustedes se aprovechan.

—¿Disculpa?

—¿Qué? Es la verdad, ellas no tienen como ayudarse en la vida, y ustedes solo las incitan a seguir ahí.

Calder levantó la ceja, pero al final solo le quedaba escuchar su plan, ya luego le daría su opinión sobre el asunto.

—Bien, continua.

—Sí yo los acuso de que los vi robando, estoy dejándolos en evidencia, pero salimos ganando de las dos formas. Aunque digan que no es cierto, nada les cuesta demostrarlo y si no quieren hacerlo, entonces puedes estar seguro que lo tienen y hacer lo que quieras.

—Es un plan astuto, de todas formas, no.

—¿Qué?

—Al menos, no contigo.

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