Una Leyenda: El Mohan

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– ¡No te importo yo! ¡Lo único que te importa es tu estúpido bote! – Esas fueron las últimas palabras que le dije a mi padre antes de irme de casa, el mismo día en que empecé mi nueva vida, en que conocí a mi mejor amigo.

Yo solía vivir en Córdoba, Colombia, en la ciudad de Momil. Vivía junto a mi hermana menor y mi padre en una pequeña casa que apenas se sostenía de pie con el miserable dinero que mi padre conseguía con su trabajo como pescador. El siempre creía que tenía la razón y siempre quería que yo siguiera sus pasos, pero yo no quería, yo no quería ser como ese viejo garulla, siempre diciéndome que lo que yo quería era una guevonada, bobada, tontería. El nunca me escuchaba, ¿Porque tenía que andar haciéndolo yo?... hasta que al fin decidí dejar al viejo, yo no quería tener que vivir con él, quería hacer mi vida como me apetecía… y vaya que vida tuve al final de cuentas.

Ese día que hui de mi casa fui al rio, el lugar donde las mujeres solían ir a lavar la ropa y pescadores trabajar, me gustaba mucho como la luna se reflejaba en el agua y las figuras que formaban cuando arrojabas piedras sobre las reflexiones.

No había nadie en el lugar esa noche, o al menos eso era lo que yo pensaba, mientras me encontraba sentado en una gran roca a la orilla del rio, logre observar algo en el interior de esas aguas. Dos luces brillantes de color blanco que estaban en lo profundo del rio, rápidamente el brillo de estas dos luces llamo mi atención, en especial cuando estas dos luces se empezaron acercar a la superficie en mi dirección. Mientras estas se acercaban al mismo tiempo empezaban a cambiar de forma, de lo que eran dos luces blancas redondas pasaron a ser dos rombos, entonces es que extrañamente empecé a sentir que era observado, mientras esos dos rombos dentro del agua empezaron a cambiar de aquella luz blanca a una luz roja dejándome hipnotizado, sentía como si estuviera observando los ojos de alguien. Comencé a sentir temor de lo que estaba observando pero por alguna razón no podía moverme ni dejar de observar aquellas extrañas luces, fue entonces que cuando las dos luces estaban a punto de salir del agua, un gran grito atrás de mi me sorprendió.

–  ¡¿Qué haces aquí pelado?! – dijo aquella grave y fuerte voz que se burlaba de mi mientras me caía al agua después de semejante susto.

– ¡Ah, ¿Qué le pasa viejo toche?! – Gritaba yo furioso mientras flotaba en el rio intentando recuperar el aire.

– ¡Jajaja! – Se burlaba aquella gran figura la cual aun no lograba identificar sobre la roca en la que me encontraba sentado

– ¿Qué te pasa a ti pelado? Estando en el rio a tales horas de la noche – Dijo esto último para continuar riéndose, a lo que yo le conteste aun mas furioso por haberme hecho caer a las heladas aguas del rio.

– ¡Mejor ayúdeme a salir en vez de quedarse ahí a tirar caja! –

– Jaja, de acuerdo, de acuerdo, ven sujeta mi mano – Dijo el hombre mientras acercaba su mano a mí, la cual al verla note como llevaba puestos varios anillos de oro con diferentes piedras preciosas incrustadas, desde rubís a diamantes. Me quede nueva mente hipnotizado con estos anillos ya que brillaban de la misma manera como las luces dentro del rio, fue entonces que me desperté en cuanto sujete la mano de aquel hombre y con una fuerza descomunal me saco del agua con tan solo un jalón.

– Dios – Dije yo sorprendido de con la facilidad con la que me saco del agua aquel señor.

Una vez fuera del agua es cuando pude observar aquel sujeto a la perfección. Era un hombre ya mayor, yo diría que en sus cincuentas o casi llegando a estos, de baja estatura pero de un físico fornido y robusto, tenía una enorme barba y bigote negro que cubrían su rostro, lleva puesto unas gafas de sol modernas que cubrían sus ojos verdes. El iba vestido de una manera muy elegantemente peculiar, con unos pantalones de vestir grises, con unos zapatos color café, una camisa morada de mangas largas las cuales tenía arremangadas hasta arriba de sus codos, una bufanda gris y además de llevaba un sobrero grande de paja, el cual a pesar de que parecía desconforme con el resto de su vestimenta este era muy elegante.

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