doce;

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Podía escuchar las risas de sus compañeros de piso -aunque más las de sus novias- mientras vasos chocaban entre ellos. No sabía que estaban celebrando y tampoco le interesaba, sólo quería que los ruidos cesaran porque, con aquel buen oído que la naturaleza le había dado, hasta el mínimo sonido le sacaba del sueño.

Miró de reojo el reloj y eran casi la una de la mañana, una hora a la que nunca había visto a Kirishima despierto y no se habría imaginado que sucedería. Tenía la tentación de salir sólo por ver si él seguía vivo y si estaban bebiendo alguna bebida alcohólica, algo que podría conseguir dejarle K.O si se lo proponía. O eso creía ella ya que nunca había bebido tanto para llegar a ese punto.

¿Qué estaría pasando en aquella casa? Sólo esperaba que no celebraran que ella se iba de allí porque era un detalle de muy mal gusto.

Hacía un par de día que les había anunciado que se mudaba junto a Shinsou y Awase de la manera más eficaz que sabía: de manera rápida como el de la bandana solía hacer. Así que llegó, soltó la bomba y huyó antes de que explotara en su cara, teniendo la suerte de no haberse enfrentado a ellos aún debido a los horarios de los tres -o cinco- miembros de la casa.

Era consciente de que deberían hablar de una vez porque había estado huyendo todo el tiempo y si ellos estaban borrachos, podía ser hasta más fácil por ella, aunque no fuera justo. Si dejaba esto así, se iría en nada y se quedaría sin dos buenos amigos que no sabía si quería perder.

Ojalá Kaminari pudiera contestarle, pero sabía que había salido de fiesta con sus amigos de la facultad y no quería molestarlos. Seguro que ya estarían en alguna de esas salas gigantescas donde se suelen hacer esas fiestas, tirado en el suelo y abrazado a una botella vacía.

A veces se alegraba de no vivir esas situaciones y hacer cosas más de "músicos" como ir a jams o a conciertos para disfrutar de la noche con buenas letras y buen instrumental.

Como le necesitaba ahora para salir de ese infierno.

Después de media hora de vacilar, decidió levantarse y enfrentarse a sus mayores miedos. Era eso o quedarse mirando al techo hasta que decidieran parar. 

Las luces del pasillo estaban encendidas, igual que las del salón. El ruido era aún más alto de lo que percibía en su bunker, así que sólo esperaba que sus vecinos no bajaran con ganas de linchamiento porque juraba que los iba a tirar a los lobos. Era un problema menos para ella.

Al dar los cuatro pasos y plantarse en el salón, comprendió que haber salido de ahí no era buena idea.

Sus compañeros de piso se callaron al verle llegar, dirigiendo sus miradas hacia ella. Estaban Ashido y Camie sentadas en el sofá mientras que los otros dos estaban en el suelo, al lado de la mesa. Obviamente estaban bebiendo cerveza y algo más que no lograba distinguir en la distancia debido a que los nervios le estaban matando.

Se había quedado petrificada, olvidándose de su propósito y decidiendo ir a por un vaso de agua para disimular algo. Con suerte, volverían a su charla y se olvidarían de su presencia, aunque sabía que era mucho pedir.

—Oye, Jirou. —La teñida dio un salto en el sitio, teniendo la suerte que no había agarrado la taza aún, evitando otra catástrofe más—. ¿Quién de todos esos chicos semidesnudos que tuvimos el honor de ver en nuestra casa es Awase?

El tono irónico que nunca había escuchado por parte de Camie le golpeó con demasiado fuerza. Podía percibir en su voz que el alcohol le había empezado a afectar un poco demasiado. ¿Pero qué podría decir? Le había brindado el gran momento de ver a cuatro chicos así. Obviamente no podía compararlo con el inestable de su novio, como no. Mejor un loco psicópata a cuatro regalos del cielo.

Conectados; KamijirouDonde viven las historias. Descúbrelo ahora