Nuevamente ella se colocó un simple vestido de gente humilde, aunque seguía viéndose como una mujer fina, puesto que la tela era bonita y la estructura del vestido era fino. Eran vestidos de su madre al fin de cuentas, vestidos para montar y escaparse, pero no dejaban de ser de una duquesa.

—Bien, vamos de una vez.

Calder por su parte, no había colocado nada de su indumentaria de caballero. No portaba saco ni chaleco, mucho menos un reloj de bolsillo o mancuernas en las muñecas. En lugar de todo aquello, él tenía una camisa holgada de algodón, pantalón y botas. Parecía otro marinero.

—¿Por qué se ha vestido así?

—Es mucho más cómodo, de hecho, preferiría vestirme así siempre.

—¿En serio? Pero si siempre lo veo tan elegante.

—Depende de dónde me encuentre. Ahora voy a otro tipo de ambiente y tú, no debes separarte de mí, ¿Comprendido?

—Supongo.

—Bien.

Ambos salieron de ahí pasado el desayuno y montaron al caballo hasta el muelle, no irían en carroza, era estorboso y no funcionaba en ese lugar abarrotado de cargadores, navegantes y bandidos. Además de que el olor era espantoso, Blake casi devuelve el pan y el queso que había comido antes de salir del hostal.

—Bonito ¿no?

—Lo dice en broma —insinuó ella, cubriendo su boca y nariz, lo cual no ayudaba en nada.

—No, en realidad me encanta este lugar.

—¿A qué hemos vendió?

—Parece ser que uno de mis barcos está teniendo problemas de carga. Tengo aviso de que es probable que nos robaran mercancía, si es así, asesinaré al ladrón.

—¿No cabe la posibilidad de que se perdiera algo?

—No, yo mismo estaba presente cuando estaban cargando el barco, no puede haber error.

Calder espolió al caballo y se posó junto a un grupo de marineros sucios y enormes que parecían discutir todo con gritos y empujones. Ahora entendía por qué no debía estar ahí, pero ahora que estaba, era su tarea comportarse a la altura.

Blake notó a Víctor junto a ellos, tomando las riendas del caballo para serenarlo y ayudarles a bajar de la montura. Ella bajó primero con ayuda del fuerte hombre moreno y su marido dio un brinco prodigioso desde la montura.

—Muy bien, ¿Qué sucede aquí? —Calder habló fuerte y claro.

Los hombres callaron ante su presencia, parecía que le tuvieran verdadero terror.

—¡Capitán! —se adelantó un chico de no más de quince años— ¡Le juro que vigilé mi turno! ¡Se lo juro!

—Está bien Rick, digan qué demonios pasó y dónde está mi mercancía.

—Capitán, cargamos todo bajo su mando, no pudo haber desaparecido media tonelada de lana, así como si nada.

—Eso lo sé, algo pasó mientras era la fecha de salida.

—Los Sorts han estado vagando mucho por aquí, capitán, sabe que nunca lo han querido por ser de tierras nuevas.

—Así que, los Sorts de nuevo.

—¿Quiénes son los Sorts? —preguntó de pronto la hermosa mujer que había estado en el círculo de dialogo desde el principio, pero en un total mutismo.

Todos habían notado con prontitud la presencia de la mujer, su belleza era fuente de distracción, pero el problema era más grande que sus impulsos de hombre. Además de que había llegado con Calder, su capitán, por lo cual era mujer intocable. Pero, el hecho de que hablará con normalidad frente a ellos, preguntando algo, era extraño, Calder no era de los que permitía esa clase de intervención. Ya estaban esperando el posible regaño que pondría su Capitán a la mujer.

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