CAPÍTULO 8: Promesa soñada

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Mami me llevó de la mano hasta el jardín de rosas, mi hermano Lux tomando su otra mano

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Mami me llevó de la mano hasta el jardín de rosas, mi hermano Lux tomando su otra mano. Un pasillo central repleto de pétalos rojos llevaba a una tarima adornada con bellas y perfumadas flores. Filas y filas de asientos bordeaban el pasillo, esperando el espectáculo que se desarrollaría en tan sólo unos minutos. Algunos lugares estaban ocupados, otros aún no.

Tomamos nuestros asientos en el centro del jardín derecho. Las sillas eran tan altas que mis piernas colgaban sin llegar a tocar el suelo. Me paré para observar a los demás invitados: todos llevaban las más curiosas prendas. Tocados más grandes que sus cabezas, bañados con hermosas perlas. Túnicas y vestidos con telas que brillaban a la luz de la luna.

Mami me obligó a sentar antes de poder encontrar a quien estaba buscando. Sabía que él estaría aquí, lo había prometido.

Alcé la vista al cielo, observando maravillada la decoración. Cientos de linternas brillaban como luciérnagas, bañando en luces coloradas todo el jardín.

Cuando la novia llegó, todos se pusieron de pie y yo les seguí la corriente. Ella llevaba el vestido más hermoso que jamás había visto, cubierto de sedas de varias tonalidades de rojo. Parecía ser un ocaso en medio de la noche, con piedras doradas esparcidas sobre su superficie. Una diadema llena de estrellas brillaba en su cabeza y acentuaba la enorme sonrisa que desplegaba en su rostro.

Como era tradición en la Isla de los Sueños, la novia llevaba los colores de la luna. Esa noche había luna de sangre, y por lo tanto, ella vestía de rojo.

La miré fascinada, deseando algún día estar en su lugar, llevando el vestido más bello en todo el mundo y caminando hacia la tarima en donde mi futuro esposo me miraría con la expresión de adoración con que la estaba mirando a ella.

Palabras fueron dichas, aunque no presté demasiada atención, enfocada en mi fantasía. Votos fueron intercambiados, promesas fueron hechas y linternas fueron lanzadas en la noche, simbolizando los estrellas que cumplirían los sueños de la feliz pareja. Y entonces, el beso. Un beso lleno de ternura y devoción que me dejó deseando tener mi primer beso. Sólo podía pensar en una persona con quien compartirlo.

La fiesta después de la boda fue acompañada de música, risas y comida. Mami estaba sonriendo como hace mucho tiempo no lo hacía. Estaba hablando con sus amigas mientras con Lux nos servíamos unos dulces.

Nuestro padrastro estaba ausente, pero eso no era nada extraño. Nunca venía a este tipo de eventos, prefiriendo quedarse a beber en el bar con sus amigos. Por mí estaba más que bien, no quería ver su feo rostro en esta fiesta. Probablemente arruinaría toda la diversión.

Los amigos de Lux se lo llevaron a jugar. Él siempre había sido muy popular y ésta no era la excepción. Corrió hacia la parte abierta del jardín mientras yo me quedaba esperando a Morfeo.

Yo no les caía muy bien a los otros niños, probablemente porque siempre estaba metiéndome en problemas y tenía las ideas más locas para divertirme. O quizás tenía que ver con el hecho de que mi mejor amigo era un dioscuro.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora