Cam se ajustó el vestido cuando se plantó con Cristie ante la casa de Niall: el número diecinueve de la Ladbroke Gardens, una preciosa vivienda de estilo victoriano. Después de que Louis se marchara de la Biblioteca, ella no encontraba razón alguna para continuar allí. Todo lo que aquel muchacho le dijo le había caído a Cam como un jarrón de agua fría como un sueño de madrugada, que comenzaba a mitigarse, difuminarse y perderse en el recuerdo. Fue a su casa, se cambio y llamó a Cris. Fueron a The Londsdale y comenzaron a beber chupitos. Después de que el alcohol comenzara a hacer mella en sus delicados cuerpos, fue Cam quien propuso ir a casa de Niall, y Cris —que se moría de ganas por volver a verle— aceptó sin ningún reparo.

Cam estaba mareada y arrastraba las palabras.

—No sé qué hacemos aquí— gruñó la chica en cuanto Cris tocó el timbre de Niall.

—Tú querías venir— repuso su amiga de inmediato—. ¿A quién se le ocurre venir bebida a una fiesta donde vas a beber más? Tu lógica es increíblemente aplastante, Cam.

—Oh, deja de protestar ya— siseó la muchacha, siendo consciente de la extraña bipolaridad de su comportamiento—. Has sido tú quien ha aceptado a ir de chupitos conmigo y...

Niall abrió la puerta del inmueble. Llevaba una camisa a cuadros de franela encima de una camiseta blanca, unos vaqueros y unas Converse. Se le torció el gesto al ver a Cam en el umbral de la puerta de su casa. Ni siquiera él mismo se esperaba que aquella muchacha acudiera a su fiesta, si podía denominarse de aquella manera. Después de un año, Cam comenzaba a ser una persona pixelada en su vida.

Hasta entonces.

—Cam..., yo... —balbuceó.

—No digas nada, rubiales— la chica le empujó a un lado y pasó a la casa como si la relación entre ambos no se hubiera quebrado en ningún momento. Entró al salón y clavó la vista en Zayn y Mariah que estaban liándose en el sofá, Harry y Liam que estaban enseñándose alguna clase de conversación en el móvil del primero y en Louis que estaba escribiendo un mensaje en el móvil.

El muchacho de Doncaster no se había percatado en la presencia de aquella extraña pero perturbadora chica. Movía los dedos ágilmente sobre las teclas de su pantalla. Era un mensaje para Alice. Quería que recordara que aún estaba a su lado, a pesar de la distancia que los separaba:

«Te quiero mucho, nena»

—Vaya mierda de fiesta— fue a lo que se ciñó Cam cuando vio el ambiente de salón de Niall—. Desde luego que este tipo de eventos sociales no se corresponden en absoluto contigo. Lo mejor de todo es que no me extraña nada en absoluto.

Fue entonces cuando Louis alzó la mirada.

—¿Cam?— Harry dejó su móvil a un lado y ladeó una ceja—. ¿Me he perdido algo?

La muchacha paseó la mirada por la mesita de café llena de latas de cerveza e hizo una mueca.

—Sabes que la cerveza no me sienta bien— miró a Niall, que entró al salón de la mano de Cris—. Espero que el tequila siga donde siempre.

—Eh...—Niall estaba sorprendido—, sí.

—Perfecto— la chica fue con sus característicos andares hacia la cocina. Louis clavó la mirada en sus pálidas piernas, en sus altísimos tacones y en su corto vestido negro—. ¿Qué hay de Greg, rubiales?— gritó desde la cocina. Greg era el hermano mayor de Niall.

—Eh..., casado.

Cinco minutos después Louis sonrió contra su voluntad cuando ella volvió a entrar en el salón y se sentó entre él y Zayn. Llevaba una bandeja con ocho vasos pequeños de cristal, el tarro de sal y un cuenco con rodajas de limón.

False Reality |Louis Tomlinson|¡Lee esta historia GRATIS!