Placer

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-¿Listo?-preguntó con una resplandeciente sonrisa en el rostro. No pude más que intentar sonreír y afirmar, moviendo la cabeza de arriba abajo.

Rozo suavemente su mano contra mi mejilla y luego paso la venda por mis ojos.

-No te asustes, solo quiero que sea una sorpresa-murmuró sobre mi oído, logrando erizar todos los vellos de mi nuca

Estaba nervioso... más que nervioso... podía sentir como las mariposas dentro de mi estómago intentaban escapar a toda costa. Y las entendía... no tenía ni una pizca de idea sobre cuál era el plan de Alex. ¿Violarme y dejarme tirado en algún arrollo? ¿O realmente quería sorprenderme? Realmente no se me ocurría nada más que esas dos opciones, y ninguna sonaba lo suficientemente convincente.

-Alex-murmuré

-¿Mmm?

Sus manos rodeaban mi cintura, guiándome hasta el coche...

-¿Estás seguro de que no eres parte de alguna secta?-pregunté

Al instante escuche una risita

-Claro que no, ¿Por qué? ¿Estás nervioso?

Tsk... había dado justo en el clavo, quizás toda esta paranoia simplemente se debía a que estaba estresado por tener una cita. Mi primera cita con Alex, porque... las primeras citas siempre daban algo de miedo ¿no?

-Eh... no, para nada-murmuré, tragando saliva

-Estas nervioso conejito-dijo, besando sutilmente mi nuca

No pude evitar dar un respingo al sentir sus labios contra mi piel

-¡O-oye, no hagas eso!-estúpido, ¿Qué acaso intentaba matarme de los nervios?, ya era más que suficiente el sentir sus manos, tocándome

-No estés nervioso, solo es una cita y ya-afirmó-además, mira, ya llegamos al coche

Escuche como quitaba la alarma y abría la puerta.

-¿No habría sido más fácil ponerme la venda aquí dentro?-pregunté, agachando la cabeza y dejándome caer sobre el asiento

Luego escuche un poco de ruido

-No, porque si te hubiera puesto la venda aquí, no habría podido tocar tu pequeña cintura-escuche a mi lado. Puff, ¿Qué pasaba con sus fuertes declaraciones de acoso sexual?, sentí como me ruborizaba

-Pervertido-murmuré, cruzándome de brazos

-Pero si te encanta que te toque conejito, solo que eres un terco que se niega a aceptarlo-dijo, besándome fugazmente

¡AH!, odiaba no poder ver nada, de esta manera estaba completamente a su merced... y podía hacer conmigo lo que quisiera...

-Cállate y conduce-dije, dando por finalizada la conversación

Lo cierto es que tenía razón... me gustaba sentirlo cerca, estar constantemente rozándonos o tocándonos, como para confirmar que realmente estaba viviendo todo esto. Pero... él era tan... él, que me chocaba tener que decirlo abiertamente. Cosas como que me encantaba sentir sus labios contra los míos, nuestros dedos entrelazados, el calor de su boca... dios... me estaba volviendo un loco, un loco justamente como él.

-¿Vamos a tardar mucho en llegar?-murmuré luego de un rato

-Oh, calma conejito, ya pronto llegaremos

Solté un suspiro

-Supongo que tengo que darme por vencido con eso de "conejito" ¿cierto?

Nuevo departamento, Nuevos compañeros¡Lee esta historia GRATIS!