Capítulo 39

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No podía levantarme de la cama. Simplemente, no podía. No porque me aborrecía, ni nada de eso. Es que no me encontraba con fuerzas, me dolían todas las partes de mi cuerpo y me encontraba muy cansada. Me costaba respirar.

Abrí los ojos. Una habitación blanca, amplia, se encontraba ante mi. Desde luego, esto no era mi cuarto. Vi a un lado de la cama a mi madre, sentada en una silla con la cabeza caída, como si pesara. Tenía los ojos cerrados, se habría dormido.

Me llevé la mano a la cabeza, me dolía mucho. Tenía una aguja pinchada en el brazo, que llevaba un líquido por un tubo que conectaba con una máquina.

Entró un señor, calvo. ¿Por qué siempre me fijaba en la calva de los señores?

-Parece que ya despertaste -dijo sonriente. Llevaba una carpeta en la mano con unas hojas, y apuntaba yo que sé qué.

-¿Qué hago aquí? -pregunté algo aturdida.

-Vas a estar ingresada unos días aquí, Melanie.

-¿Por qué? -pregunté – Si estoy bien.

-No, no lo estás. Así que estarás con nosotros, para que te nutramos bien y te vigilemos hasta que creamos conveniente.

-No, no podéis. Quiero irme a MI casa, quiero meterme en MI cama, y descansar -me enfurecí.

-Relájate. Si quieres puedes descansar un poco, pero aquí. ¿Vale? - no respondí- Lo hacemos por tu bien.

-Lo que tú digas.

-Pronto será la hora de comer, una enfermera te traerá la comida.

El señor se marchó, mi madre seguía dormida. ¿Cuánto tiempo llevaría aquí dormida? No tenía ni idea. Sentí mi cuerpo pesado, así que me volví a tumbar. Delante mía, había una televisión. Así que decidí encenderla y dejar que absorbiera un poco de mi ira.

A los quince minutos, apareció una chica vestida de blanco -la enfermera, supuse- con una bandeja en las manos. Me sonrió.

-Hola, Melanie - Me saludó, yo no respondí- . Parece que tu madre se quedó dormida. Debe de estar agotada.

Depositó la bandeja en una mesa que había a mi lado, y me incorporó para ponerme la comida delante.

-No quiero comer.

-Tienes que comer esto, Melanie.

-No tengo hambre -dije observando el plato. No era gran cosa. Un trocito de pechuga de pollo, y tres o cuatro patatas fritas con un zumo.

-Sé que tienes hambre. Así que come, no es nada malo.

Tras una larga discusión con la enfermera, comí solo un trozo de la carne, pero nada más. Esa enfermera no me haría coger más calorías de las que tengo, ni que me salieran grasas en el cuerpo, ni nada de eso. No era necesario. Ya me sentía mal por haber comido eso.

Seguí viendo la tele cuando se marchó, me avisó que volvería a las seis a traerme la merienda. Me esperaba otra discusión.

Sobre las cuatro mi madre despertó, me vio despierta y sonrió enseguida.

-¡Cielo! Has despertado, por fin. Ya me estaba preocupando -dijo acercándose a mi y cogiéndome una mano. Sonreí lo que pude.

-¿Cuánto tiempo he estado aquí? -pregunté.

-Un par de días. Siento que me encontraras dormida, es que no podía más.

-No te preocupes, mamá. Pero, quiero irme de aquí, rápido. No me gusta estar aquí, que me obliguen a comer y que me encierren en esta celda.

-Cariño, es por tu bien.

Joder, ¿por qué todo el mundo dice que es por mi bien? Si fuera por mi bien sería con mi voluntad.

Qué mierda.

Continuará...

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Una vez más, os doy las gracias a quien está leyendo la novela. Mil mil gracias, tengo muy pocas lectoras, pero sois las mejores :)

¿QUÉ CREÉIS QUE PASARÁ AHORA QUE MELANIE ESTÁ EN EL HOSPITAL? ¿SE RECUPERARÁ? ¿IRÁ A PEOR? ¿Y NIALL?

Unless «n.h.»¡Lee esta historia GRATIS!