-¿Están… están seguros que es un buena idea?- Preguntó el pequeño Daryl de dieciséis años, cuya voz languidecía en cada palabra- He… he escuchado que California no es seguro para chicos como nosotros.

La medianoche caía en el cielo de Denver (Colorado) con la misma fuerza que una cascada, cuya brisa sería el equivalente del aire liberador que pululaba aquella noche. El estéreo de la camioneta estacionada estaba fijo en una estación local de música de moda que en ese momento reproducía “Radioactive” de Imagine Dragons, y como era de esperarse la música y los vehementes cantos de los dos músicos a bordo en los dos asientos delanteros hicieron que las palabras de Daryl fueran completamente ininteligibles, aunque sorprendentemente uno de ellos contestó.

-Tranquilo, chico- Dijo Anthony, el que estaba sentado en el asiento del conductor, apagando el estéreo- Lo peor que podría pasar sería que alguno olvidara su celular y ya estuviéramos en Los Ángeles ¡California es el paraíso de la juventud!

-Pero… pero…- Daryl comenzó a soltar una lista de mil y un razones por las cuales no debían ir a Los Ángeles (Drogas, perversiones, inseguridad…) que sonaba perfectamente a un artículo de una revista para padres en contra de dicha ciudad.

El dueño de la camioneta y copiloto de Anthony, Devlin Wilde, seguía cantando a capela hasta ya no escuchó los innumerables miedos del chico, y luego volteó a verlo y río de una manera burlona al ver que Daryl se encontraba al borde de un ataque de ansiedad o en su defecto llorar.

-¡Mierda! ¡Y eso es lo que hace aún más genial a dónde iremos!- Exclamó todavía con la risa en los labios- Aparte, nadie te está obligando a ir, iluso, puedes bajarte y regresar a tu casa cuando quieras… Ah, cierto, que no tienes casa ¡Ninguno de nosotros tiene casa!

En el momento del último grito de Devlin y los primeros sollozos de Daryl, la chica que desde que abordó la camioneta se encontraba ensimismada en sus pensamientos reaccionó como si hubiera estallado una bomba dentro de ella.

-¡Maldición! ¡No hace falta que se lo recuerdes!- Gritó dando un brinco en el asiento. El chico que iba junto a ella la sostuvo de un hombro al mismo tiempo que decía su nombre (Annie) y ella de inmediato se calmó. Annie respiró hondo un par de veces y volvió a dirigirse a Devlin- Quiero decir… No todos vamos con esas “intenciones” a California.

Devlin estaba a punto de soltar una serie de gritos e insultos contra ella pero Anthony con un “Hey, Hey…” logró que su amigo controlara su ira. Mientras eso pasaba, Mishka, el chico que había calmado a Annie, vio salteado a cada uno de sus cuatro acompañantes y suspiró.

-No sé si por ser el mayor creen que tengo que poner el orden aquí- Dijo e intentó agregar condescendencia a su tono de voz- Todos viviremos juntos por no tengo idea de cuánto tiempo, deberíamos intentar llevarnos mejor entre nosotros.

Ninguno dijo nada hasta que Devlin rompió el silencio.

-¿Y bien? ¿Qué rayos esperamos para irnos?

Anthony señaló con la cabeza la casa que estaba frente al auto. Una chica de aproximadamente 20 años se encontraba bajando cuidadosamente deslizándose con cautela en las esquinas de dicha casa, un par de maletas ya la esperaban abajo ocultas entre los arbustos.

-¿Por qué no usa las escaleras de su casa?- Preguntó Daryl con preocupación y miedo por la chica.

-Está escapando- Dijo Annie.

-Sí, eres una genio ¡Hay que darte un premio Nobel!- Respondió sarcásticamente Devlin.

Annie rodó sus ojos y al sentir la mirada inquisitiva de Mishka prefirió no contestar el comentario de Devlin.

La chica del exterior tomó sus maletas y corrió hacia la camioneta. Al entrar dejó su equipaje en la parte posterior junto al de los otros y tomó asiento junto a Daryl.

-¿Por qué tardaste tanto, Emily?- Interrogó Anthony mientras encendía el auto y salían a una velocidad común para un grupo de jóvenes. La música del radio volvió a inundar el ambiente de la camioneta.

-El bastardo de mi padre no se dormía, pero ya estoy aquí- Comenzó y después soltó un aullido de libertad-  Más le vale a Los Ángeles que se prepare para lo que le destina nuestra estadía ahí ¡Wuju!

La mayoría rio, a excepción de Daryl que seguía angustiado por las consecuencias de esta decisión. Mishka notó el silencio del chico y giró de su asiento para observarlo.

-¿Qué sucede?

-No… No creo que esto sea lo más indicado para nosotros- Le contestó Daryl tartamudeando- Tengo… tengo un mal presentimiento ¿Puedo ver de nuevo la foto de… de la casa?

Mishka asintió y sacó su iPad de su mochila para buscar el sitio web dónde había encontrado la oferta de la casa. Al encontrar la página le pasó el artefacto a Daryl para que viera, a lo que Emily se unió, secundada por Annie.

-¿Así que ahí es donde nos quedaremos?- Cuestionó Emily mientras veía las foto junto con Daryl, quien no dejaba de temblar y negar con la cabeza. Mishka asintió y Annie comenzó a recitar toda la descripción de la casa de memoria.

Era estilo victoriano, con candelabros Tiffany originales y construida originalmente para la familia de un doctor de las estrellas. Contaba con las habitaciones suficientes para albergar a cada uno de ellos, una amplia sala de estar, un sótano que parecía incluso más grande que la entera ciudad de Los Ángeles, un estudio de trabajo… Era una casa de ensueño.

Emily vio el precio en la pantalla del iPad y levantó la mirada de inmediato a ver a Annie y Mishka.

-Bien ¿Qué demonios tiene mal la casa? Ese precio creo que incluso podría pagarlo uno solo de los inútiles de ahí enfrente- Dijo señalando a Devlin y Anthony quien respondió bromeando con un “¡Oye! ¡No soy tan inútil como Devlin!”. Ambos rieron y siguieron cantando.

-Técnicamente, nada- Contestó Mishka- Pero indagando en otros sitios descubrí que los anteriores dueños murieron ahí.

Annie lo vio subitamente puesto que lo que menos quería era que Daryl escuchara ese detalle quien ahora tenía los ojos abiertos como platos y con nervios exclamaba “¡Oh, no! ¡Ahora con menos razón me van a meter ahí!”.

-Tranquilo, Dar- Insistió Annie- No es nada tétrico: La mujer murió en labor de parto y su esposo al enterarse se suicidó.

-Bueno, digamos que el nombre alternativo de la casa no indica tranquilidad- Dijo Daryl leyendo todavía la información de la iPad.

-¿Qué nombre?- Preguntó Mishka.

 -Murder House.

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