Capítulo 16

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La luz del día entraba por una rejilla de mi tienda, dándome en toda la cara. Me erguí y miré la hora: eran las doce.

Salí de mi tienda y ví a todos recogiendo.

- ¿Por qué nadie me ha despertado? - pregunté, un poco mosqueada.

- No nos atrevíamos a despertarte - dijo mi hermano. - Además, Luke nos ha dicho que pasaste una mala noche.

Asentí y busqué a Luke con la mirada. Estaba intentando desmontar su tienda de campaña, pero no lo conseguía. Después de un buen rato meditando y pensando, decidí acercarme a ayudarle.

- ¿Necesitas ayuda?

Él se giró y cuando me vio, se sonrojó.

- No, yo... - miró su tienda, todavía montada pese a haber estado horas intentando deshacerla. - Bueno, un poco sí.

Los dos reímos un poco.

- Pero luego te ayudo a montar la tuya - agregó él. - ¿De acuerdo?

- Vale, vale.

Yo tampoco era una experta en desmontar tiendas, pero aún así, en quince minutos ya estaba deshecha. Fuimos a mi tienda y también la desmontamos en un cuarto de hora. Cuando ya todos habíamos recogido todas nuestras cosas, fuimos hacia la carretera. Hace un rato habíamos llamado a nuestros padres para que vinieran a por nosotros. Primero llegaron los padres de Michael, después los de Calum, después los de Megan, y por último, los de Violet. Nos quedamos Luke, Ashton y yo esperando a nuestros familiares. Un rato después, vimos el coche de mi madre viniendo hacia nosotros.

- ¡Por fin llegaste! - dijo Ashton, un poco exasperado.

- Había tráfico. Venga, subíos todos.

- ¿Yo también? - preguntó Luke, confuso.

- Tus padres no han podido venir a recogerte y me han pedido que te lleve - explicó mi madre.

Los tres nos subimos. Ashton se sentó en el asiento del copiloto y Luke y yo detrás. Fuimos todo el viaje sin decirnos ni una sola palabra, oyendo la música que sonaba en la radio del coche. A mitad de camino, oímos un sonido raro y el coche se paró.

- Vaya, parece que tenemos una avería - comentó mi madre, frustrada.

Todos nos bajamos y fuimos al abrir el capó. Nada más abrirlo, una nube de humo nos inundó a todos, haciéndonos toser.

- Creo que necesitamos un mecánico - dijo mi madre.

- Según ese cartel, hay una ferretería no muy lejos de aquí - informó mi hermano señalando un cartel. - Podemos empujar el coche.

Todos asentimos, no muy seguros, pero no había otra opción. Empujamos con fuerza hasta que, casi una hora después, llegamos a la ferretería. Abrimos la puerta y entramos. En la tienda parecía no haber nadie. Por todos lados había estanterías llenas de herramientas o de piezas de coches y otros artilugios.

- ¿Hay alguien? - preguntó Ashton.

Una puerta al fondo de la tienda se abrió y un hombre salió de ella. Era un hombre de unos cuarenta años, un poco rellenito. Iba vestido con una camiseta de tirantes blanca (aunque parecía amarilla de tanta suciedad) y unos pantalones negros cortos.

- ¿Clientes? - preguntó, extrañado.

- Sí, esto... - dijo mi madre. - Se nos ha estropeado el coche y no sabemos cómo arreglarlo.

El hombre sonrió maliciosamente.

- Soy mecánico, pero yo sólo vendo cosas de ferretería - hizo una pausa. - A menos de que me pagéis un poco más.

Como no teníamos otra forma de volver a casa, mi madre aceptó. Ashton y mi madre fueron a ayudar al mecánico.

- Vosotros quedaos por aquí cerca - nos ordenó mi madre a Luke y a mí y se fue.

Me senté en el suelo con las piernas cruzadas, cansada de todo el esfuerzo que había hecho para mover el coche, y Luke me imitó. Observamos cómo pasaban los coches en silencio. El aire empezaba a soplar con más fuerza y comenzaba a hacer frío. Me puse a tiritar y Luke me miró, se quitó su chaqueta y me la puso por los hombros.

- Gracias - dije sonrojada.

- Denada - me sonrió.

- Oye... - comencé a decir, pero me paré.

- ¿Qué pasa? - preguntó.

- Esto... - no, no lo iba a decir, no era capaz. - ¿Querrías quedar un día conmigo?

Mierda. Lo dije. No debería habérselo pedido. Esperé su respuesta.

- Claro - dijo alegremente.

Otra vez volvimos a quedarnos en silencio. Apoyé mi cabeza en su hombro y seguimos observando los vehículos que pasaban.

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