Nuevas esperanzas

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Me acababa de poner el pijama cuando Jeannette entró sin llamar en la habitación de invitados

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Me acababa de poner el pijama cuando Jeannette entró sin llamar en la habitación de invitados.

—¿Mick? —pregunté cómplice.

Con lentitud, como si el cuerpo le pesara, mi amiga se sentó en la cama y me miró, mordiéndose el labio inferior para reprimir las lágrimas. Me acerqué y la abracé por la cintura.

—Lo nuestro no puede ser, Carol.

—¿Por qué no? Cuando estáis juntos es imposible no ver que estáis hechos el uno para el otro. Cuando Mick te mira no solo te mira, amiga. Te come con la mirada.

Jeannette rio y dos lágrimas desobedientes le refrescaron las mejillas. Ella las secó enseguida.

—Y tú también te lo comes a él —continué—. Se nota que te gusta. Mucho.

—Sí, claro que me gusta. Y me atrae. Es guapísimo, muy atractivo. Desborda talento musical y se le da muy bien lo de hacerse pasar por un tipo duro. Precisamente eso es lo que hace que todas las amigas que le he presentado se hayan vuelto locas por él. Y él ha aprovechado para liarse con unas cuantas.

—Pero no está interesado en ellas de verdad. No le interesa ninguna otra que no seas tú y lo sabes. Igual que tú no estás interesada en ningún otro que no sea él.

—Pero eso no es suficiente, Carol.

—¿Por qué?

—¡Porque, para empezar, yo no debería estar aquí! Mi padre no debería haberme enterrado en este pueblo para calmar sus remordimientos. Debería haber permitido que siguiera viviendo en Los Ángeles y tuviera las oportunidades que merezco. No quiero seguir escondiéndome del mundo, Carol. Este no es mi sitio, Mick no es lo que necesito ahora mismo y yo no soy lo que él necesita. Es tan simple como eso.

Acaricié el pelo de mi amiga en silencio, ofreciéndole la oportunidad de que siguiera hablando. Jeannette no era de esas personas que compartían sus preocupaciones con los demás, ella prefería mantenerlas en su corazón, lejos de compasiones o consejos ajenos. Así que si me estaba contando todo aquello era porque realmente no podía más y necesitaba sacarlo. Y que yo la escuchara sin juicios y sin decirle qué debía hacer.

—No puedo seguir así, Carol. He tomado una decisión. Me marcho de Barts, dejo los Black Stars y el polvo del desierto. Necesito sentir que estoy viviendo mi vida, que estoy luchando de verdad por lo que quiero.

Jeannette cogió mi mano y la estrechó entre las suyas. Su mirada buscó mis ojos, ansiosa, suplicándome comprensión, apoyo. Pero sus palabras me habían dejado tan helada que era incapaz de hacer nada más que dudar y compadecerme de mí misma. ¿De verdad iba a quedarme sin ella? ¿De verdad aquella piña que formábamos apenas unas horas antes estaba a punto de pasar a la historia?

—Jeannette, piénsalo bien, por favor —dije con la boca seca y un hilo de voz.

—Llevo semanas dándole vueltas y aunque me ha costado, esta es mi decisión final. Quiero ser cantante profesional, dedicarme a esto de verdad, entrar en la industria discográfica. Y tengo que empezar a cruzar las puertas correctas.

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