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Simon estuvo prácticamente ausente toda la semana después de nuestra visita al Draco

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Simon estuvo prácticamente ausente toda la semana después de nuestra visita al Draco.  Sabíamos que estaba cuidando de Helmi, cargándose toda la responsabilidad a sus espaldas, sin querer «molestar» a los demás con sus preocupaciones. Y eso hacía que nos preocupáramos todavía más. 

El jueves quedé con él para comer, los dos solos, en el Maggie's Corner. De día descorrían las cortinas del local y la sala de conciertos se convertía en una rústica cafetería. Simon había acabado la jornada a las doce y se presentó aún vestido con la ropa de trabajo. Yo había avisado la tarde anterior a mi profesor de que no asistiría a clase, así que teníamos algunas horas por delante. 

Al encontrarnos en la puerta del local nos abrazamos como si hiciera siglos que no nos habíamos tocado. Le besé y repasé su cuerpo con la mirada, comprobando que era tal y como le recordaba. Lo único diferente que encontré en él fueron sus hombros, vencidos hacia delante, y unas ojeras oscuras y profundas que rodeaban sus preciosos ojos azules y que quise borrar al instante con los dedos. 

Pedimos dos hamburguesas especiales con patatas y refresco de cola y dedicamos unos minutos a hablar de cosas sin importancia. Ambos sabíamos que la conversación acabaría poniéndose seria y decidimos darnos algo de aire explicando anécdotas del trabajo y la escuela de arte. 

—¿A qué hora empiezas las clases? 

—Hoy no tengo clases. Tengo toda la tarde para ti, si quieres. 

Simon me dedicó una sonrisa cansada de ojos brillantes. Deseé abrazarle tan fuerte que ambos nos quedáramos sin respiración.  

—Claro que quiero. Pero entonces, ¿por qué llevas la cámara?

Hasta aquel mismo instante no había reparado en ella. Sonreí y me encogí de hombros. Cogerla por la mañana se había convertido en un gesto rutinario, algo que hacía sin darme cuenta antes de salir de casa por la mañana. Coger el bolso y la cámara e irme a trabajar.

—Pues porque la llevo a todas partes, supongo.

—Bueno, ya que la llevas encima se me ocurre una manera de sacarle partido. Aún les debo una visita a los Insects y antes de saber que tenías la tarde libre para mí pensaba ir hoy. No está lejos, ¿te apetece que vayamos y de paso tiras alguna foto? 

—Sí, claro que me apetece. Pero no podremos entretenernos mucho, que luego hay ensayo.

—Yo al ensayo sí que no podré ir. 

Se limpió los dedos en una servilleta de papel, se recostó en el respaldo de la silla y apuró lo que le quedaba del refresco de cola. Le observé uno segundos en silencio, sabiendo que había llegado el momento de que la conversación se volviera seria y que me tocaría a mí empezarla. 

—Estoy preocupada por ti, Simon. Todos lo estamos. Queremos ayudarte, de alguna manera, como tú nos digas que podemos hacerlo.

—Ya me ayudáis. 

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