6. Lobos

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—Entonces cuéntame, ¿cómo conociste a estos dos?

¿Debería contarle la verdad?

—Los conocí en el parque que está cerca de aquí, el que tiene fuente y bancas de piedra, me ayudaron a encontrar a Choco.

—¿Choco?

—Choco es mi gato... —¿Pero y si ella no le creía como el resto de los adultos?—, mi gato de peluche, te lo mostraré.

Y los tres la vieron correr a su habitación: Kasumi, con la ilusión de ver un peluche bonito; Daichi y Maki, con la inquietud de que a Junko se le ocurriera contarle a su amiga toda la historia de su viaje a mágicas tierras desconocidas que habían desaparecido cuando decidieron volver a su hogar. Pronto, el tintineo de un cascabel anunció el regreso de la niña, quien le entregó el peluche a la chica castaña antes de continuar con la narración de su historia.

—¡Qué lindo! —exclamó Kasumi.

—¿Verdad? También es el favorito de Hakki.

Los chicos de cabello negro vieron con extrañeza al perro que descansaba cerca de ellos, y él, molesto por tener que permanecer en esa forma mientras su ama tuviera visitas, los miró con despecho: "¿Qué? ¿Se burlan de mí? Ya me las pagarán después".

—Hakki ahora está muy tranquilo, pero en realidad es muy juguetón. El sábado se escapó con Choco en el hocico y tuve que buscarlo, lo encontré en el parque, pero huyó cuando me vio, entonces hermano Daichi y hermana Maki me ayudaron a atraparlo. Quise volver a casa, pero entonces recordé que no traía la llave y mis papás no estaban, así que ellos se quedaron conmigo hasta que volvieron.

Aquella historia no era tan falsa: poco después de terminar de repartir volantes el sábado anterior, la niña quiso volver a su casa; pero era imposible para ella entrar por haber olvidado su juego de llaves. Así fue como todos, incluidos perro y cotorra ninfa, esperaron sentados la llegada de quien volviera primero de trabajar.

—Y mientras esperábamos, hablamos mucho, compramos paletas y me salió el primer palito ganador.

—Conque así fue —dijo la castaña mientras jugaba con el cascabel que Choco lucía en su cuello mientras pensaba que el gato le parecía familiar, ¿por qué?

El recuerdo de un choque inesperado tiempo atrás le dio la respuesta; pero el entusiasmo de la niña por tener una nueva amiga no le permitió comentarlo.

—¿Y tú? —preguntó la pequeña mientras volvía a su asiento para comer su rebanada de pastel—. ¿Cómo los conociste?

—A Maki la conocí cuando entramos a la preparatoria, está en mi grupo. A Daichi lo conocí varios años antes por casualidad.

—¿Por casualidad? —preguntó sorprendida la chica de trenzas, quien se había conformado con la poca información que le había dado Kasumi diez meses antes y con las suposiciones derivadas de aquella—. Creí que eran compañeros de clase en la secundaria.

—Eso hubiera sido muy divertido, pero en realidad estábamos en grupos distintos. Si algo compartíamos en aquel entonces era el recreo, y eso sólo cuando Dai-Dai no se escondía o cuando podía encontrarlo.

Maki no sabía si sorprenderse más o decepcionarse de sí misma: había pasado diez meses de su vida creyendo que sus dos amigos habían compartido muchos momentos felices y tristes durante su pubertad, que Kasumi se había convertido en su reemplazo y que Daichi la había aceptado desde el primer momento, y dudó por un instante si quería escuchar la historia completa, ¿no era muy tarde para preguntar detalles?

—Esa parece una historia interesante —dijo Junko al otro lado de la mesa—. ¿Me la cuentas? ¡Quiero oírla!

—Está bien —respondió la chica de mirada pasto, y su disposición alivió tanto la pesadumbre de Maki que ella pensó, una vez más, que Junko había sido enviada por el cielo (o por las fuerzas regentes o por algo que estaba más allá de su comprensión) para ayudarla en aquellas situaciones inesperadas.

La libertad de la nieblaRead this story for FREE!