Capítulo 15

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Al fin, David llegó a su casa completamente absorto en sus pensamientos para darse cuenta de que toda la casa estaba con las luces encendidas, a pesar de que eran ya cerca de las doce. Otra vez había llovido y hacía un viento terrible que le alborotaba el cabello y le aventaba la tierra a los ojos. Aunque no importara. Abrió la puerta y se vio entonces obligado a salir de su mente para entender lo que se le ofrecía enfrente. Su familia platicaba sentada a la mesa como si apenas acabaran de merendar. Parecían estar en una discusión interesante y difícil porque ya nadie tenía refresco en su vaso y nadie parecía dispuesto a separarse un poco para poder traer otra botella y servirles a todos. Parecía una acalorada charla, además de apasionante pues ya todos hablaban en voz alta remarcando los puntos a los que querían llegar mientas devaluaban los que estaban criticando. Esto distrajo definitivamente a David de sus lúgubres pensamientos dándole al fin un respiro a su alma y a sus manos que no paraban de moverse nerviosamente. Nadie hizo demasiado por recibirlo, hablaban rápida y apasionadamente para luego escuchar cada palabra que los demás pronunciaran con el fin de debatirle lo mejor posible. Esto normalmente no hubiera llamado la atención de David quien ya estaba más que acostumbrado a este tipo de sobremesas. Lo que le llamó más la atención es que no parecía uno de los tantos temas que ya estaban más que discutidos y aventados hacia todas direcciones, sino que tenía más una apariencia de noticia y, por otra parte, todos parecían coincidir en una cosa: era algo notoriamente contraproducente si no es que hasta perjudicial. Esta vez nadie había tomado la bandera a favor y todos parecían consternados y temerosos.

David observó que debajo del brazo izquierdo de su madre había unas hojas arrugadas, con algunas manchas y varias anotaciones en los costados. Era una hoja del periódico. Debía ser algo grave pues al parecer había pasado por varias manos y plumas hasta llegar a su familia donde seguramente ya también habían depositado sus opiniones con la pluma que Fernando sostenía entre sus manos y hacía girar con nervioso gesto. Alonso, su padre, comenzó a manotear un poco con lo que su madre hizo otro tanto permitiéndole a David dejar su vaso en la barra de la cocina y tomar rápido la hoja. La leyó rápidamente la primera vez, pero tuvo que volver a hacerlo con un poco más de calma para hacer caso a los detalles. Al parecer, corrían peligro dentro de la ciudad. La Unión había declarado fuera a la ciudad de Almasi en varias de las actividades importantes debido a una "falta de recursos" cuestión para nadie creíble y para todos peligrosa.

Hasta los últimos días, Almasi estaba casi salvada debido a los recientes hallazgos de petróleo y estaba produciendo al tiempo que se aliaba con otras ciudades viéndose a la vez protegida por los acuerdos cerrados con la Unión. Pero ahora, la actitud de esta última había cambiado radicalmente, pero lo más terrible eran las notas en los márgenes hechas por quienes lo leían. Al parecer, tanto economistas, padres de familia, brujos, pueblerinos y demás gentes de la zona presentían que pronto llegaría lo peor y que salir sería imposible. Almasi se había visto obligada a declarar cerradas las comunicaciones incluyendo carreteras y caminos en general. La gente podría irse a pie, por Aracena, pero las dos ciudades se odiaban desde tiempo antiguos y el camino sería demasiado largo. Nadie, absolutamente nadie podría salir en los próximos días. Algunos lo estaban considerando como un anuncio pues no sonaba a algo político sino más bien bíblico. Y en uno de los pueblos, un brujo había asegurado que la ciudad caería al fin por la maldad de su hermana. Al fin entendió a qué iba el dedicarle tanto tiempo a la noticia. Su familia buscaba la forma de escapar, de huir lejos de los problemas ancestrales que nada tenían que ver con ellos. Y al fin, decidieron que ya era muy noche y todos debían ir a dormir, pues ya todos estaban más dormidos que despiertos, especialmente al no encontrar salida a su problema. Ya los estaba venciendo el sueño. Se despidieron y quedaron en investigar al día siguiente otras formas de solucionarlo.

Ya estaban todos rumbo a las escaleras cuando David salió de pronto de la casa dando un portazo y murmurando algo así como que no iba a irse a dormir en tales circunstancias. Sólo su madre entendió a lo que realmente se refería pues había ya percibido un mal momento en el día de su hijo. David estaba furioso. El destino le cerraba las puertas y le arrancaba toda posibilidad de ser feliz mientras la vida lo alentaba con engaños y desaires. Viles mentiras de la vida, terribles juegos del destino y en medio de los dos, un juguete, el humano. Y encima de todo, su familia lo veía con una exasperante tranquilidad. ¿Cómo era posible que primero discutieran acaloradamente sobre el problema y después, al no encontrar salida, sencillamente se fueran a dormir? No les importaba, era eso. Les valía poco que su ciudad fuera a ser destruida, saqueada, invadida o lo que fuera que estuviese planeando Aracena, no importaba, mientras pudieran dormir... Dormir... David pensó que no podría volver a descansar nunca más en su vida, y que tal vez, esta no durara demasiado. ¿Qué hacer? Al parecer su vida había estado escrita así desde el principio. ¿Qué le sucedía a su escritor? ¿Por qué le ponía estas pruebas tan difíciles? ¿Qué quería que probara? ¿Su valor, su bondad, su nobleza? ¿O quería simplemente deshacerse de una estorbosa y cruda ciudad? Eso le parecía tan humano en cuanto a la decisión y a la vez tan milagroso en cuanto a la realización, que lo pensó imposible. No había nada más allá. Sólo circunstancias que debía ir sorteando para obtener unos breves momentos de calma en su vida y al final, no salir vivo de ella para contarlo. Su fin era un hecho como el de cualquier otra persona. Sin embargo, el suyo le parecía tan próximo que le costaba creer que fueran sólo ideas suyas, parte de la depresión.

Siguió caminando varias calles y recargado en una barda, al fin se durmió mientras el Sol empezaba a aparecer ya por el horizonte. Escuchó unos gritos...

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