11- Félix

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                                                                    FÉLIX


Me pregunto si a todos les pasará que, a veces, el tiempo parece frenar su tránsito y sienten la imperiosa necesidad de mirarse a sí mismos. Es como desdoblar tu consciencia del cuerpo. O al menos, una parte de ella. Te transformas en un desconocido y empiezas a analizar todo lo que eres, lo que haces y lo que dices, como un juez imperturbable y severo con un lápiz en la mano, listo para dictar sentencia.

Eso me ocurría con asiduidad, a mi pesar. Y entonces me pateaba mentalmente por ser tan impulsivo. Karen solía decir que yo era como un cachorro en proceso de descubrimiento. O un gato que se desespera intentando salir del agua luego de saciar su curiosidad al inclinarse demasiado por el borde de la bañera.

—Solo quería asustarlo un poco.

—¿Por qué?

—¡No sé! Es que es muy desesperante. Y tú dijiste que debía dejar de ser tan agresivo, pero en ese momento, cuando se puso a decir eso, me dieron muchas ganas de pegarle.

—Así que lo besaste.

Aunque la oficina de Karen era cálida gracias a la estufa prendida junto a la ventana, una sensación gélida subió desde mis entrañas hasta mi pecho, como si me hubiera crecido un tentáculo dentro. Ziggy mordisqueaba mis dedos, exigiendo que le diera más queso. Se lo había comido todo, la muy glotona.

—Para asustarle –precisé—. Y burlarme un poco de él. Se lo merece por ser tan serio siempre. Y también por ser un bicolor reprimido.

—¿Lo besaste para comprobar si era un bicolor o por algo más?

Una de las cosas por las que seguía asistiendo a las sesiones con Karen era porque allí, entre esas cuatro paredes, podía ser yo mismo, sin tapujos. Ella siempre era dura, claro. Y en el fondo, una parte de mí buscaba esa dureza. Alguien que enderezara mis ideas, que dejara los eufemismos por una vez. A veces dolía, no diré que no. Pero luego me sentía mucho más tranquilo.

Sin embargo, en esos momentos, fui invadido por una frustrante incomodidad.

—Solo por eso –asentí.

—¿Estás seguro?

—¡Sí! ¿En serio crees que iba a querer besar a un bloque de hielo? Ese cara de charco no tiene ningún atractivo para mí. A además me gusta otra persona.

—Brenda Riveros.

La miré sorprendido.

—P-pero si yo nunca te dije...

—La mencionas con mucha frecuencia durante nuestras últimas sesiones.

Karen sonrió con amabilidad para apaciguar mi azoramiento. Se había puesto una blusa de flores azules bajo un suéter blanco que acentuaba su figura voluptuosa y sus senos. Tragué saliva y traté de no centrar mi atención en ellos.

 Tragué saliva y traté de no centrar mi atención en ellos

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