🎨9: Al fin me dan un auto

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-Por tu puta culpa perdí mi cita de manicura. _dijo Camila y yo rodé los ojos.

-«Por tu puta culpa no pude estudiar para mí examen de mañana» «Por tu puta culpa no pude ir a mi reunión con Obama» ¡Ya cállate, Cabello! _exclamé bajándome de la ventana.

-Idiota. _susurró y yo sonreí escuchándola.

-Te encanta. _me encogí de hombros y ella bufó cruzándose de brazos.

-Tienes un ego bastante elevado.

-¿Hasta ahora te das cuenta? _sonreí de nuevo y ella nuevamente rodó los ojos. -Ya que vamos a estar un buen rato aquí... ¿Cómo conociste al Mojón?

-Austin, Russell. Se llama Austin. _me corrigió Camila y yo coloqué mis piernas sobre otra silla.

-Oh claro claro, me corrijo. _carraspee. -¿Cómo conociste a ese hijo de puta? _sonreí inocentemente y Camila me fulminó con la mirada.

-No te interesa.

-No me culpes por intentar poner conversación para no aburrirme como loca. _levanté mis manos en señal de rendición y empecé a mirar la pared.

Cuando me aburro o siento que estoy en un silencio incómodo, justo como ahora, empiezo a hacer beatbox y podía sentir la irritada mirada de Camila que te importa.

-Complace al mundo y cállate. _dijo con tono brusco y yo giré a verla.

-Complaceme a mí y callame. _le guiñé un ojo y por ¿Millonésima? Vez, Camila rodó los ojos.

-Eres patética.

-Tal vez. Pero te mueres por callarme con un beso. _me acerqué a ella con una sonrisa socarrona dibujada en mi rostro.

-¿Por qué no te largas con tus amigos alternativos y me dejas en paz, Russell? _Camila tenía una mirada de odio en su rostro. Me encanta.

¿Masoquismo? ¿Dónde?

-Por más que quiera largarme se aquí... No puedo negar que la idea de estar contigo me complace visualmente.

Debo admitir que coquetear con Camila para molestarla me encantaba.

-Idiota. _susurró y yo me senté en su mesa.

-Admite que a ti también te gusta.

Camila me observó de pies a cabeza, era como si tuviera rayos X y analizara cada tatuaje, cada piercing y cada pequeño tejido de mi ropa.

-¿Tu estilo de chica mala es por qué te gusta? _preguntó y yo fruncí el ceño ante su extraño cambio de tema.

-¿Por qué mas lo sería?

-No lo sé. _apoyó su mentón en su mano y volvió a analizarme. -Tal vez estás escondiendo a una niña asustada detrás de toda esa tinta.

Solté una pequeña risa.

- A ver princesita. En el mundo normal, las personas hacemos cosas porque nos gustan: Tatuajes, piercings, música, estilo de ropa. No hay ningún disfraz debajo. _le guiñé y ella levantó una ceja.

-No me convences mucho.

-¿Qué me dices de ti? ¿Algo se oculta debajo de la chica popular, novia del todas mías de Branckford, directora del mejor club de aquí? _acomodé mi cabello mientras sonreía.

-No. ¿Por qué ocultaría algo de mi maravillosa vida?

-En Londres no actuabas así. _la miré y ella rió.

-¿Así como?

-¿Alguna vez has visto Mean Girls? Bueno, eres como la Regina George de Branckford, solo que morena y latina. _sonreí triunfante al ver su cara de desconcierto.

-¿Cómo sabes que soy latina?

-Tus rasgos, eso y que eres la mejor en la clase de Español. _subí los hombros y el señor Mahone interrumpió nuestra interesante charla.

-Espero no tener que verlas aquí de nuevo, señoritas. Pueden irse. _dijo el hombre abriéndonos la puerta del salón.

Tomé mis cosas igual que Camila y ambas salimos por la puerta grande de aquella tortura de una hora. La morena al parecer llevaba prisa, porque caminaba como si quisiera ir al baño y estuviera a punto de estallar.

-Despidete al menos, Cabello. _la molesté mordiendo mi lengua al sonreír.

Camila muy educadamente me sacó el dedo de en medio mientras iba al encuentro con su novio. Al parecer por eso llevaba tanta prisa. Mojón le abrió la puerta de su convertible y me fulminó con la mirada antes de acelerar. Sonreí agitando mis dedos en señal de despedida mientras caminaba hasta mi bicicleta.

Suspiré quitándole el seguro y repitiéndome mentalmente que debo presionar a mis padres por un auto.

(...)

-¡Mamá, papá ya llegué! _grité colocando mi bolso en el perchero de la entrada.

-¿Por qué tardaste más de lo normal? Que yo sepa, no trabajas en la tienda hoy. _dijo mi madre mientras yo atacaba la nevera.

Su tono de voz aún era resentido, seguramente porque no llegué a dormir anoche.

-Me castigaron porque el director tiene preferencias. _me encogí de hombros tomando una tostada y llenándola de Nutella.

A la mierda la dieta.

Cuando me senté cómodamente en la silla del comedor, frunci el ceño mirando a mis padres. Papá acababa de bajar.

-¿Ustedes qué hacen aquí?

-También es nuestra casa, hija. _contestó papá riendo.

-Eso es obvio, papá. _rodé los ojos sonriendo. -Me refiero a que hacen aquí, ahora.

-¡Ah eso! Bueno, a tu padre y a mi finalmente nos ascendieron. _contó mi madre con emoción.

-¿Eso qué significa? _levanté una ceja mirándolos a ambos.

-Significa: más dinero, menos horas de trabajo y que nos quedaremos en Boston hasta tu graduación. _respondió papá con una sonrisa.

-¡¿Qué?! _exclamé soltando mi tostada. -¿Significa que nos quedaremos hasta mi graduación?

-Si.

-¿Y podré conservar a mis amigos?

-Si.

-¿Y mi empleo en la tienda de tatuajes?

-Si.

-¡Ah! Y algo más. _dijo mi madre entregándome unas llaves con un guiño cómplice.

Abrí mi boca hasta que la mandíbula tocó el piso, no pude evitar empezar a dar saltitos de emoción mientras abrazaba a mis padres antes de salir casi que corriendo hasta el garaje de nuestra casa. Oprimí el botón de seguridad y escuché ese conocido pitido de un auto que está listo para funcionar.

Ante mis ojos apareció un precioso Mazda CX azul metalizado y como niña pequeña corrí a abrazar a mis padres antes de abrir la puerta de piloto e iniciar la marcha para estrenarlo. Aceleré de forma relajada y me dirigí hacia la tienda de tatuajes donde solamente se encontraban Lauren y Big M. El resto de los chicos aprovechaban su día libre.

-¿Santa te premió por ser una niña buena, Russell? _dijo Lauren nada más verme. Reí y le abrí la puerta del copiloto.

-Vamos a dar una vuelta, Jauregui.

Lauren sonrió, se despidió de su padre y se subió en el auto mientras yo hacía lo mismo.

-¿A dónde vamos? _preguntó colocándose el cinturón.

-¿Acaso importa? _sonreí colocándome mis lentes de sol y pisando el acelerador.

London (CAMILA CABELLO Y TÚ) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora