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Narra Robin:

El sonido del fusil sin balas me hizo dudar, ¡y yo estaba apuntándole al mismísimo Doris! ¿Para qué me dio el arma sin municiones? Solté el fusil y al cabo de unos segundos tuve la respuesta.

—Querido amigo —dijo dirigiéndose a Doris—, ahora ya sabes que el te hubiera aniquilado. Tendrán sus asuntos cuando encuentren tierra, si es que no mueren —aclaró entre risas—, ¡ya que están en el medio del océano! Piratas, ahora córtenle la cabeza a ese capullo —dijo señalando a Mick, el segundo al mando.

—¡Maldito! ¡No te atreverás a hacer eso! —dije tirándome encima de One Blind con las manos atadas, aunque me agarraron de vuelta al instante.

—Tranquilo mi amigo, ¿quieres ver como puedo? Lo haré yo mismo, en frente de tus ojos. ¡Tráiganlo!—ordenó mientras traían a Mick y lo ubicaban frente a mi—. ¿Listo?

—¿Que más quiereees? ¡Basta por favor! ¡Déjalo vivir!

Se escucha un BOOM, ese fue el fin de Mick.

—¡No! Por favor, ¿por qué? ¿Qué hicimos para merecer esto?—dije mientras me arrodillaba frente al cuerpo de Mick—. No merecías esto mi amigo...

—Perdona, pero ya está hecho. Ahora, suéltenlos y dejadles cosas útiles. Les daremos unas vendas y luego de ponérselas, tírense al mar y cuenten hasta cincuenta. Nosotros para ese tiempo nos habremos ido y estarán en el medio del océano. Será muy gratificante para todos nosotros imaginar cómo sufrirán durante las próximas horas. ¡Suerte! Ya tienen la comida, que de igual no les servirá de nada porque morirán. Ahora tírenlos y, ¡que empiece el conteo! —concluyó One Blind dejándonos atónitos—.

"¿Acaso este hombre tiene problemas mentales?", pensé.

Perfecto, ahora luego de la cuenta estábamos solos, sin ayuda. Por cierto, ¿qué narices se le cruzó por la cabeza a este viejo pirata? Cada día me sorprendo más de las locuras del mundo.

—¿Hacia dónde vamos señor? ¿Qué hacemos? —preguntó Eduard mirándome.

—Compañero, si supiera a donde tenemos que ir no dudes que te lo diría... Sólo nos resta esperar a tener un poco de suerte. Hay que encontrar tierra rápido, el agua está casi congelada y nos moriremos de hipotermia —le contesté como pude.

—Está bien señor... —me respondió tristemente.

Empezamos a nadar hacia el este y luego seguimos para el norte. Vaya a saber quien me hizo que tomara esos caminos...

¿Será este nuestro verdadero fin? ¿O One Blind nos acaba de entregar una segunda oportunidad?

Habrá que ver si la suerte está de nuestro lado.

La Isla: Abandonados¡Lee esta historia GRATIS!