XIV

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Vestuario de Alysha: 

Vestuario de Alysha: 

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***

Estar cansada se estaba convirtiendo en una costumbre muy incómoda. Y tampoco me agradaba la sensación de pánico que me invadía cada vez que me daba la vuelta por la mañana en la cama y no sentía a Alec a mi lado. Aunque claro, eso era difícil teniendo en cuenta que volvía a vivir con Magnus. 

- Alysha Bane, ¿quieres hacer el favor de levantarte ya de la cama? Estas horas son indecentes- dijo Magnus, entrando como Pedro por su casa y abriendo las cortinas de par en par, cegándome momentáneamente. 

- Tan delicado y sutil como una escopeta- murmullo de mala gana, bufando al final. Se volvió a mirarme, con su pelo brillando por la purpurina y los brazos en jarras. Sus cejas enarcadas me dejaron claro que como mínimo debía incorporarme, así que eso hice. 

- Tengo que atender a unos cuantos clientes en el día de hoy y, según tengo entendido, tú deberías hablar con cierto chico de ojos azules. - Me quejé como una niña pequeña ante sus palabras. - No me vengas con quejidos, Aly. Ayer la excusa fue todo lo que ocurrió con el tema de la resurrección de Jocelyn, pero hoy no hay más pegas. 

- Como te odio cuando llevas razón- le dije un poco malhumorada, pero él sonrió, triunfante. 

- Ya te he elegido el modelito de hoy. Lo tienes en el cuarto de baño junto con tu neceser para parecer que eres de este mundo. Te quiero fuera de aquí en menos de una hora, o me espantarás a los clientes- y se fue dando un portazo. 

Yo también te quiero, Magnus Bane, pensé para mí misma y resoplé antes de frotarme los ojos. 

Efectivamente y cumpliendo con lo que Magnus me había dicho, salí de la casa a los cuarenta y cinco minutos, duchada y arreglada, no sin antes darle un beso en la mejilla a mi tutor. Aquella mañana decidí ir andando en lugar de tomar la vía rápida y hacer un portal. Quería estudiar detenidamente lo que le diría a Alec cuando le viese. El típico "tenemos que hablar" parecía la forma más simple y directa de empezar la conversación, pero lo que venía a continuación no era tan sencillo. Quiero decir, ¿qué le diría? "Oye Alec, a pesar de que ahora mismo estarás que te subes por las paredes porque un demonio mató a través de ti a Jocelyn, ¿podemos comentar el hecho de que en tu fuero interno me odias porque la Clave ahora te mira un poco peor, al igual que a tu familia?" Sonaba bastante horrible. Y he ahí la razón por la que necesitaba sopesar todas y cada una de las palabras que fuesen a salir de mi boca, y tendría que controlarme más de la cuenta para no sulfurarme. Lo último que necesitaba Alec es que mi carácter con tendencia volátil lo hiriese un poco más. 

A pesar de que caminaba despacio, el camino al Instituto se hizo veinte veces más corto de lo normal. Y yo aún no tenía ni idea de qué le iba a decir y me tocaría improvisar sobre la marcha. Esto no iba a salir bien. 

- ¿Se puede saber a dónde vas tan ensimismada? - La voz de Jace, divertida como siempre, detuvo mi estresado caminar por el pasillo. Me volví a mirarle. Estaba apoyado en el marco de la puerta de su cuarto. 

- ¿Y se puede saber por qué sabías que era yo?- inquirí, poniéndome en jarras. 

-Sólo dos personas hacen resonar los tacones como para molestarme mientras duermo, e Izzy está con Clary visitando a las Hermanas de Hierro. Y dado que me has despertado he decidido salir a saludar. Te llevo escuchando desde que entraste por la puerta. 

- Qué exagerado- replico, colándome en el hueco que dejaba su puerta. Su habitación estaba pulcramente ordenada, como la de Alec. - Y yo que pensaba que eras un desastre- comento, sentándome en su cama deshecha. 

- Muy graciosa. Me gusta tener mis cosas ordenadas. - Estaba cruzado de brazos y sin camiseta, con esa mirada de suficiencia que solía exhibir normalmente. 

- Ya lo veo, rubiales. ¿Cómo es que seguías acostado?- inquirí, levantándome para curiosear un poco. 

- Anoche estuve leyendo hasta tarde, y esta mañana temprano Clary vino a molestarme un rato. ¿Quieres dejar de toquetearlo todo y de ponerlo en sitios que no eran los suyos? - Sonreí internamente. Yo, una maniática del orden, adoraba sacar de quicio a los que eran como yo. 

- Así que Clary vino a despertarte. ¿Sabes que las relaciones íntimas entre hermanos no están bien vistas, verdad?- Sonreí con picardía y él me miró fatal. 

- ¿De qué te escondes aquí, Alysha Bane?

- Vale, vale. Ya me callo, qué carácter. He venido a buscar a Alec, a ver si algún día consigo hablar con él o surge alguna cosa surrealista más y me toca esperar al día siguiente. 

- En el fondo estás deseando que sea así, ¿eh? Por eso te has metido aquí a sacarme de quicio. ¿Hay algo que quieras hablar conmigo antes que con él?- Los ojos dorados de Jace ahora no estaban cargados de ironía y sarcasmo, sino que eran amables, tiernos. 

No sabía muy bien en qué momento había creado un vínculo tan estrecho con Jace, pero ahí estaba. Y tampoco tenía nada claro por qué el parecía leerme como un libro abierto si hasta hace dos días no habíamos cruzado más que insultos y malas contestaciones. 

- ¿Qué es lo que te da tanto miedo, Alysha Bane?- me preguntó, acercándose un paso a mí. - ¿Perderlo? ¿Que te deje ir? ¿Que decida que su vida es mejor sin ti?- Con cada pregunta daba un paso más, y mi armazón se iba resquebrajando un poco más. Sentía los ojos aguados y un temblor que me ascendía por la columna y que amenazaba con hacerse visible para Jace. - No va a ser así. Es mi Parabatai, y sé que nunca ha sido más feliz que contigo. Y él también lo sabe. No sé exactamente qué pasó en estos pasillos cuando él estaba poseído por el demonio, pero no creo que te vaya a dejar escapar. No, sé que no te va a dejar. No si quiere ser feliz el resto de su vida. 

¿Cómo era posible que él estuviese tan seguro y que yo sólo pensase en lo contrario? ¿Cómo podía ser que aquel chico de ojos dorados acababa de mostrar la mayor humanidad que le había visto desde el primer día? 

- No lo sabes, Jace. Puede que sea tu Parabatai y que lo conozcas mejor que nadie, pero tendrías que haber visto cómo me miraba. A pesar de que Alec no recuerde exactamente lo que pasó allí abajo, sí que sabe qué sentimiento usó el demonio contra mí. Y, si él decide que seguir conmigo es lo mejor, ¿debería yo ignorar el hecho de que se siente fatal por haber perdido el honor? Si tanto le quiero, ¿no debería apartarme para que él pudiese alcanzar todo el éxito profesional que pudiese? - La sonrisa de Jace fue genuina y negó con la cabeza. 

- Suenas como una película mundana de amor. Su éxito profesional no le servirá de nada si no es feliz, y contigo lo es. Y ambos sabemos que con su encanto natural convencerá de nuevo a la Clave. - Me sacó una pequeña sonrisa que él imitó conmigo. - Si no quieres creerme ahora no lo hagas, Aly, pero me encantará decirte eso de "te lo dije" cuando volváis a andar por los pasillos riéndoos e intentando que no os pillen mientras estáis en vuestros momentos íntimos. Si hiciésemos una apuesta estaría seguro de que la ganaría porque, antes o después, Alec no soportará estar lejos de ti, y volverá. Incluso si después de esa conversación que tenéis dispuesta decide que lo mejor es irse, volverá. No sé si te has dado cuenta, pero eres lo más parecido a un hogar que Alec ha podido tener: siempre volverá a ti, antes o después. 

***

¡Hola! Sí, ha sido un capítulo bastante corto, pero no me ha dado tiempo a más si quería tenros algo para este domingo, porque el anterior me fue imposible. Si no sabéis de qué os hablo tenéis todo explicado detalladamente en un par de mensajes que colgué en el tablón hace un par de semanas. 

Una vez más lo siento por la tardanza y, si habéis leído esos mensajes ya sabréis que a partir de ahora nos leeremos todos los domingos. 

Un beso y muchas gracias por leer, 

lauri_lovelydreams


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