5. Obsequios

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Nuevamente en la cotidianidad de sus mañanas de receso, compartiendo el pupitre cercano a la ventana que la chica de trenzas ocupaba desde el inicio del año escolar, el aire se sentía tan pesado que el resto del grupo se concentró en el lado opuesto o se dispersó en los exteriores para no respirarlo.

Maki quería hacer lo mismo, pero sabía que un movimiento en falso o una palabra mal colocada en una oración descuidada despertaría a la fiera que pellizcaba su almuerzo sin levantar la mirada y en completo silencio mortal.

Si tan solo supiera por qué estaba tan molesta, la situación cambiaría; pero la indecisión estaba por matarla: ¿en verdad era buena idea averiguar a qué se debía su mal humor?

—E-es una mañana tranquila y un poco más cálida que la de ayer —dijo con nerviosismo en un intento claramente forzado y muy probablemente fallido de aligerar el ambiente—, ¿por qué estamos tomando el almuerzo adentro del salón?

—¿Por qué será? —preguntó con cierta ira reprimida mientras seguía comiendo bocados pequeños, discretos, en espera de que su amiga entendiera la situación.

—Eh... y... no entiendo por qué hoy no fuimos a ver a Dai...

La mirada indignada de Kasumi interrumpió su frase y le causó un escalofrío: "¿Eh? ¿Qué fue eso? ¿Qué dije ahora? ¿Qué hice mal?".

—Ah... vi el panquecito con rostro que dibujaste en mi cuaderno, es un personaje muy bonito, ¿has pensado en ponerle un nombre?

—¿Debería? —volvió a preguntar con sequedad.

—¡Sí! Algo relacionado con sus ingredientes sería perfecto, ¿de qué sabor es?

—De chocolate —contestó tras darle un último pellizco a su almuerzo—. Chocolate con relleno de cereza, o con trocitos de almendras, o con arándanos, NUNCA con pasas.

Aquello era claramente un golpe bajo.

—¡Ya te dije que lo siento!

—¿Y por qué sigues disculpándote conmigo?

—Porque eres la única que me está reclamando por eso.

Un suspiro largo y una mano apoyada en el rostro de la castaña le hicieron confirmar, una vez más y como siempre, que no entendía la situación.

—No te diste cuenta, ¿verdad?

—¿De qué?

"Maki no cambia", pensó Kasumi, y concluyó que perdía su tiempo esperando que la secuencia ojos-cabeza-lógica de su amiga funcionara adecuadamente en esa clase de circunstancias.

—A Dai-Dai no le gustan las pasas.

Silencio incómodo.

—¿Por qué me lo dices hasta ahora? —reclamó.

—¿Cómo esperabas que te lo dijera si ni siquiera sabía que pensabas regalarle chocolate con pasas?

—¡Nadie me dijo que era de pasas! ¡Estaba en la parte de trufas! Era un empaque distinto a los otros, creí que se habían terminado pronto porque eran buenos, nunca pensé que la caja estuviera fuera de lugar. Además, tú fuiste la única que me dijo que lo hiciera.

—¿Y yo qué iba a saber que elegirías precisamente el que no le gusta? Lo tomaste con tanta tranquilidad que pensaba que era para ti.

—¡Claro que no! ¡El chocolate con pasas es horrible!

—¿Y por qué tuviste que tomar algo que ni siquiera te gusta a ti?

—¡Era el único que le faltaba por comprar!

La libertad de la nieblaRead this story for FREE!