Capítulo Siete

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Lunes por la mañana

Tick, tick, tick...

¿Qué era eso? El sonido provenía de la ventana. Me asomé y allí estaba Carlos; tirando piedrecitas como una parejita de instituto. Cuando me vio, cogió un cartel donde ponía: ¡HORA DE LEVANTARSE BELLA DURMIENTE!

¡Me llamó Bella Durmiente! ¡Qué rico!

Aquella mañana me preparé rápido porque tenía ganas de empezar otro día maravilloso.

Bajé y Carly saltó (de nuevo) hacia mí. Empezaba a cogerle cariño.

-¡Qué rapidez! Pensaba que tardarías más preparándote-comentó Carlos.

-Ayer era el primer día, una vez que me acostumbro soy muy veloz.

-Te está cogiendo cariño.

-¿Quién?-pregunté mientras acariciaba a Carly. La respuesta era obvia ahora que lo pienso.

-¡Carly! ¿Quién sino? Y eso es buena señal. Cuando a Carly no le gusta alguna chica con la que salgo, normalmente nuestra relación no dura mucho.

Con eso me quería decir que conmigo podría tener una relación y además, larga. En mi mente había miles de Paulas saltando de felicidad.

Esa mañana fuimos paseando hasta el barrio donde vivía Carlos, Amara. Había un parque enorme y nos quedamos allí para que Carly pudiera correr agusto.

Mientras, Carlos y yo hablabamos sentados en unos columpios; no había muchos niños en aquel parque.

-Oye ¿por qué no jugamos a hacernos preguntas?-propuse- Me refiero a preguntas como tu comida favorita, tu color favorito...

-Vale, acepto. Empiezo preguntando yo. ¿Cuál es tu comida favorita?

-Menuda originalidad, te has pensado mucho esa pregunta. Me encanta el solomillo, poco hecho. ¿Y el tuyo?

-Pasta, lo que sea hecho de pasta.

-Entonces te gustan los restaurantes italianos ¿no?

-Naturalmente, bella signora.

-¡Oh, vaya! Sabes italiano. ¿Qué idiomas hablas?

-Hablo castellano, euskera, inglés, un poco de francés y un poco de italiano. Un poco de todo.

-Ya veo, yo hablo castellano, inglés y un poco de catalán. Viví un año en Cataluña, algo aprendí.

-Tu color favorito.

-Morado y el tuyo será verde o azul.

-Exactamente, azul un poco oscuro. Vamos, es hora de irnos.

-Ir ¿a dónde?

-Al supermercado, a comprar un par de solomillos.

Fuimos al supermercado y Carlos compró un par de solomillos y un saco de patatas.

Llegamos a su casa. Me dijo que me pusiera cómoda mientras él preparaba la comida.

Cada día descubría más cualidades suyas; esta vez, la cocina. Además, iba a hacerme solomillo, mi plato favorito. No podía pedir más.

Unos cuarenta y cinco minutos después, vino al comedor con dos platos. Preparó solomillo con patatas y estaba buenísimo; podría hasta abrir un restaurante.

Después de comer, estuvimos en su casa un ratito; aproveché el tiempo para mirar unas fotos.

-¿Este eres tú de pequeño?-pregunté extrañada-Eras muy guapo.

-Sí, pero...-me empezó a decir, pero le interrumpí al segundo.

-¿Y este niño tan feo es tu hermano?-señalé otra foto-No sé por qué tus padres deberían estar más orgullosos de él...

-Una cosa Paula. La primera foto que has cogido no es mía, es Xabi con diez años; la segunda foto que has dicho que es mi hermano feo, soy yo de pequeño.

Mierda... La he cagado pero bien...

-Lo siento, yo...

-No hace falta que te disculpes, sé que no soy guapo, ni atractivo.

-¡No, para nada! Lo que me sorprende es el cambio que has hecho. Puede que de pequeño no fueras muy... Bueno, ahora eres un tío bueno, no sé si te has mirado al espejo pero deberías. Eres alto, atractivo, guapo, amable, encantador y chicos así hay uno entre un millón-después de decir todo eso, todavía me quedaba más-Plantéate lo especial que eres.

-Vaya, te habrás quedado a gusto. Gracias.

Nos abrazamos como ositos y Carlos se inclinó para que nos cayeramos al sofá. Nuestros labios estaban tan cerca...

-Ahora sí que te he dicho la verdad-le advertí.

Cuando estabámos a punto de besarnos, se abrió la puerta; Xabi.

Muchas gracias Xabi.

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