Interludio: Noche de brujas (Especial Halloween)

342 36 7



31 de octubre de 1888


On this night, on which I sing

Jack O'Lantern is the King

His throne is made of looking glass

To see your future as you pass.

On this night, on which I sing

Jack O'Lantern is the King

His throne is made of looking glass

To see your future as you pass...

Los hijos de Lady Ashcroft y Lady Hartwood cantaban aquella canción una y otra vez. Los cinco pequeños giraban en corro, tomados de las manos, mientras un grupo de chicos más mayores corrían entre las mesas y los sofás de brocado en busca de dulces. Jonathan les miraba con una mezcla de nostalgia y envidia.

—¿Te sientes viejo? —dijo una voz masculina a su derecha. Era grave, seductora y con un punto etéreo y suave que hacía imposible sustraerse a ella.

Quien le estaba hablando era Mefistófeles. Y para hacer honor a la verdad, Mefistófeles nunca había sido tan atractivo.

—Solo un poco —respondió con una sonrisa juguetona—. ¿Crees que somos muy mayores para pedir dulces?

—Definitivamente, sí.

—Lástima.

Jonathan emitió un suspiro y apoyó el trasero en el respaldo del sofá junto a su hermano. La fancy dress party de Halloween estaba siendo muy concurrida, más de lo habitual. La mansión Joestar estaba atestada de gente y todo el mundo vestía sus mejores galas, disfrazados con mayor o menor simbolismo; algunos caracterizados como meras alegorías, otros como personajes completos. Entre todos ellos, Dio destacaba, como siempre. O así se lo parecía a él. Llevaba un traje de corte medieval compuesto de camisa, jubón bordado y calzas, botas altas de montar y una capa de longitud media cuya caperuza cubría en parte sus rubios cabellos. Todo su atuendo era rojo como la sangre: rojo oscuro y coagulado en las prendas de cuero, escarlata en la seda, carmesí en las plumas que adornaban con arrogancia sus hombros y ligerísimos hilos cobrizos formando una intrincada labor en la pechera del jubón. Lucía también un pequeño antifaz de delicado encaje oscuro tras el cual brillaban los ojos ámbar, delineados con maquillaje negro.

—¿Qué miras?

La abrupta increpación de su hermano le sacó de su ensimismamiento, pero no se sintió cohibido por su rudeza.

—A ti. Estás impresionante. Realmente pareces el Príncipe de las Tinieblas.

El muchacho rubio le regaló media sonrisa, complacido.

—Gracias. Tú tampoco estás mal, Majestad.

Jojo le empujó con el hombro, colocándose bien la corona con una mueca de descontento.

—Sigo pensando que Macbeth no encaja conmigo.

—Tienes razón, pero había que ceñirse a la temática. —Dio alargó una mano hacia la mesita cercana para coger un pequeño cuenco de nueces con miel. Cogió una y se la metió en la boca a Jonathan con tanto descaro que este se escandalizó—. Historia, mitología y fantasmas.

—Hubiera preferido el rey Arturo —adujo, masticando la nuez con gesto ceñudo. Luego le reprendió sin demasiadas ganas—. Sabes que no debes hacer estas cosas en público.

El fuego y la tormenta¡Lee esta historia GRATIS!