XXVIII

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—Seguiste nuestra esencia —adivinó Scott, entrecerrando los ojos.

—Seguí su desesperación —lo corrigió Douglas, sonriendo maliciosamente—. Es una situación difícil. Desesperados por entrar y salvar a todos, y esperando encontrar una manera de detener a este ejército de la muerte. Todos queremos lo mismo.

—Él tiene razón —musitó Lydia.

—No —negó Hannah—. No voy a arriesgarme a confiar en él cuando todo está en juego.

—Hannah tiene razón —añadió Scott—. No podemos arriesgarnos y que mate a alguien más.

—Todo lo que importa ahora es atravesar esa grieta —dijo Douglas.

—Entonces se acabó tu suerte —exclamó Malia—. La grieta quema todo lo que intente pasar.

—Quizás no todo.

Hannah comprendió todo, abriendo los ojos de par en par. 

—No lo hiciste —susurró. Douglas sonrió. 

—Oh, claro que lo hice. 

En ese momento, Parrish comenzó a andar hacia ellos, apareciendo de la nada. Estaba descalzo, y solo llevaba puestos unos shorts. Tenía la mirada perdida. Supieron inmediatamente que no estaban ante Parrish, sino ante el Sabueso del Infierno. Les gruñó, enseñando los colmillos.

—Jordan —dijo Lydia lentamente, mirándolo fijamente. No la reconoció en lo absoluto.

—Si el Sabueso del Infierno puede abrir la grieta, podemos irnos todos juntos.

—Qué amable de tu parte —siseó Hannah.

—Eres el tipo malo —exclamó Malia—. Estoy segura que ayudarte es mala idea.

—El bueno, el malo... ¿Alguna vez algo fue puramente blanco y negro? —canturreó Douglas.

—En la segunda guerra mundial —jadeó Liam, llegando agitado por correr por los tuneles para advertirle a sus amigos lo que Theo le había dicho—. Es un nazi.

—¿En serio? Nada me gusta más que golpear nazis —musitó Hannah.

—Quiere adueñarse de la Cacería. Quiere su propio ejército sobrenatural.

Douglas suspiró, y de su mano extendió un látigo.

—No dejaremos que la atravieses —exclamó Scott.

—¿No me dejarán? Ya veo. Todavía creen que pueden decidir algo.

Douglas extendió su látigo y de un movimiento, tiró hacia Hannah. La chica brincó, apenas librándose del golpe. Scott volteó a verla de reojo e inmediatamente se dirigió hacia Douglas, rugiendo e iluminando sus ojos de rojo carmesí.

—Cuida de Lydia —ordenó Hannah a Liam. Liam tomó a Lydia y la hizo a un lado.

Douglas comenzó a golpear al piso con su látigo, robado de un Jinete, casi golpeando en varias ocasiones a Scott, Hannah y Malia. En poco tiempo, logró su cometido, y tuvieron que quitarse de su camino para evitar ser golpeados con él. Tenían miedo de que si los golpeaba, desaparecerían.

Douglas dijo algo en alemán, e inmediatamente Parrish lo siguió. Hannah intentó una última cosa, parándose enfrente de Parrish.

—Yo era tu Alfa, ¿recuerdas? —gruñó en griego, iluminando sus ojos y rugiendo. Lamentablemente, los ojos de Hannah no eran rojos. Había perdido sus habilidades y por lo tanto su poder sobre Parrish cuando había regresado a la vida, después de que Theo casi la hubiera matado.

Missing /teen wolf |running #6|¡Lee esta historia GRATIS!