Capitulo 35: Isla del Sur (Parte II)

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𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪   𝓔𝓻𝓲𝓴𝓪 

Frío.

Mucho frío.

Mis extremidades escocían, entumecidas y dormidas, no solamente por la temperatura glacial, sino por la incómoda posición en la que me encontraba desde hace incontables horas.

No tuve problema en abrir los párpados ya que a penas algunos rayos de luz cedían e iluminaban la estancia en la cual reinaba una profunda oscuridad.
Solo un aro de luz, dejaba entrever mi cuerpo desnudo, esculpido por la escarcha azul.

La droga que me suministraron al secuestrarme era muy efectiva y aún despierta se extendía el efecto somnoliento por mis venas.

— Buenos días, princesa.

Fueron las primeras palabras que armonizaron ese cuarto de hielo. Una voz arrogante, desagradable y burlona situada cerca pero escondida cobardemente en las tinieblas.

— Tú...

Nada más entornar los labios, estos se rajaron y unas gotitas de sangre brotaron de las grietas.

— Tchh... —gemí.

Con caminar prepotente, las botas forradas de piel de oso pardo pararon frente a mi.
El rubio se agachó quedando a mi altura y levantó mi mentón para enfrentar mi rostro y el suyo.

Entreabrió mi boca con sus dedos, y con su cálida lengua lamió mi labio inferior limpiando la sangre de este.

Esto me hizo espabilar y al mirar de reojo me di cuenta de que estaba completamente desnuda ante ese perturbado. Instintivamente me eche para atrás con brusquedad pero solo conseguí dañar aún más mis sufridas muñecas.

— ¡Tchh...!

— ¡Oh! No tengas vergüenza. —susurró endulcededor, ladeando una sonrisa, mirándome como si fuese una muñeca—. Estas preciosa. Así es como quería verte desde hace mucho tiempo. Expuesta completamente ante mi. —acarició los mechones de pelo que a duras penas censuraban mis pechos—. ¡Un dragón solo para mi...!

— ¡No me toques! ¡No lo hagas! —respondí con voz temblorosa—. Sácame de aquí o...

— ¿Vendrá la guardia a darme un azotito en el culo? —se burló—. Hazme caso, niña. —apretó mi mentón y cambió radicalmente su expresión—. Los faerys solo son unos anormales que descubrieron el fuego ayer, si se atreviesen a venir saldrían espantados como los animales que son.

Hablaba de los habitantes de Eldarya como seres repugnantes y grotescos, de simples monstruos.

— Pero, querida mía, todo tiene un lado positivo. —suspiro y se le escurrió de nuevo una sonrisa victoriosa, parecida a la de un niño pequeño—. ¡Gracias a ellos, me ha sido tan simple conseguir lo que quería...!

— No. No lo has conseguido. —gruñí en respuesta, con la rabia descongelándome el cuerpo—. No son anormales, no son animales, ¡el único animal eres tú, pedazo de escoria!

A mi osada respuesta, se limitó a reír divertido.

— No estás en condiciones de hablarme con tal insolencia, princesita. —siseo—. Deberías plantearte acostumbrarte a mi presencia.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora