Unum

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Estoy recostada sobre mis desordenadas sabanas, despojada totalmente de cualquier tipo de prenda que le de algún tipo de abrigo a mi cuerpo, con mi respiración entrecortada e irregular.

Mi piel está cubierta de una fina capa de sudor, que le da una tonalidad un tanto más inmaculada, debido a la luz que se colaba por las persianas desgastadas de aquella tenue ventana, que permitían divisar desde lejos aquel hermoso satélite natural o como todos lógicamente le conocemos, la luna.

Estoy un tanto desorientada, mientras siento un calor que colma toda mi anatomía, provocándome una sensación de placer, pero lastimosamente se ha comenzado a transformar en una horrible exasperación que necesita ser saciada ya mismo, mientras me recorre de las puntas de los dedos de mis pies, hasta el último cabello que alberga mi cráneo.
Me remuevo en busca de alivio, pero extrañamente mis muñecas se encuentran atadas al cabecero de mi cama con unas firmes y blancas cuerdas, con ambas manos cruzadas sobre mi cabeza. Hago un esfuerzo en moverme y desatar mis delgadas muñecas de aquella presión, aunque un leve roce entre mis muslos, me hace sentir un extraño hormigueo instalado en mi parte baja, junto a una extraña sensación alberga en el centro de mi pecho, clamando por ser provocada nuevamente a como dé lugar.

¿Qué me ocurre?

Emití un audible y agudo gemido, provocando que el fuego incrementara dentro de mí y me sienta sofocada de manera casi instantánea. Intento buscar alguna solución para acabar con este nudo de sensaciones, hasta que algo captura completamente mi atención y automáticamente dirijo mi mirada a un rincón de mi acogedora habitación, percibiendo el ambiente cada vez más cargado de algo inexplicable. Las pequeñas gotas de sudor, recorren mi frente, logrando adherir algunos de mis cabellos a esta. Deslizo mi mirada desde el suelo hasta detenerme a medio camino, ya que dos centelleantes orbes de un tono esmeralda me observan con un deje de... ¿anhelo?

Esos ojos...

-P-por favor...a-ayúdame-le supliqué con mi voz entrecortada por clemencia, a los ojos que distingo, son de algún ser humano (que bastante insignificante me es en este instante) mientras forcejeo en busca de la libertad de mis extremidades.

El individuo procede a dar lentos, pero demandantes pasos hasta ser iluminado por la natural luz de afuera y sacar la mano derecha de su bolsillo, que adorna su pantalón de alta costura, prosiguiendo por dejarla en elevada unos segundos, en una clara orden hacia mi persona...quiere que me quede inerte y así lo hago.

Sentí mi corazón taladrear con fuerza en mi pecho, como en plena construcción de un edificio o algo parecido, mis labios resecos y las palabras ser atascadas en mi garganta, aparentemente por una fuerza mayor.

E-es él...el autor de mis sueños prohibidos.

Aquel magnate, parecía haber sido sacado de una revista de modelos. Piel bastante cuidada, con una fachada bastante envidiable, prominentes hombros y gran altura, sus facciones perfiladas y simétricas rozando la perfección, como si hubiera sido esculpido por algún artista de la edad media.

¿Por qué me hace sentir así?

-N-no puedo más...t-tócame, te lo suplico- clamé con los ojos aguados, a punto de derramar lágrimas, la necesidad ya comenzaba a asfixiarme.

El imponente joven se detuvo a observarme unos segundos más, deleitándose de mi delicado e indefenso aspecto.

Creo que le satisface verme rogar y el estar completamente a su juicio, agregándole mi desnudez, le ha de fascinar. Comienzo a sentirme un tanto avergonzada de mi misma y comienzo a removerme en busca de algo que pueda cubrir mi desnudo cuerpo, cosa que al individuo no pareció causarle una pizca de gracia y me ha lanzado una mirada de desaprobación tremenda, que me hace encogerme en mi sitio y bajar mi mirada, como una cría siendo regañada por sus padres debido a que ha hecho a una travesura de mal gusto.

Adflixit: ➵ [Kth]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora