Capítulo XX.- Dos estrellas

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N. de la A.: ¡Hola a todos! Espero que os gusten los capítulos nuevos. Recomiendo muy mucho leer el capítulo XX y el XXI del tirón, ya que tienen un efecto más potente juntos y en realidad son como un solo capítulo partido en dos... o algo así. ¡Gracias por estar aquí!

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18 de septiembre de 1888

El muchacho corría. Su expresión era fiera mientras apretaba el balón contra su cuerpo en un gesto habitual entre los novatos. Cruzaba el campo a toda velocidad con la respiración acelerada y los ojos ardiendo de determinación. Miró hacia un lado al ver venir a un rival y trató de desviarse en la dirección reglamentaria. Sus pies aplastaban la hierba a toda velocidad. Antes siquiera de haber iniciado el gesto ya sabía que no lo iba a conseguir. El otro joven le placó de manera contundente; el ruido de los cuerpos al chocar, los músculos duros golpeando entre sí y la posterior caída sobre el suelo levantó gritos de emoción entre los espectadores.

El prado de la academia Hugh Hudson era extenso y verde incluso en otoño. Aquella tarde el cielo se pintaba con hermosos colores y la brisa, que ya comenzaba a enfriarse, jugueteaba con las hojas de los árboles, desprendiéndolas y llevándolas en volandas durante un breve viaje hasta desampararlas. Montañas de ellas permanecían en los bordes del camino. «Como pilas de cadáveres», pensaba Cecily con complacencia.

—No sé para qué vengo. Esto ya ni siquiera es divertido, siempre ganamos.

El comentario de Archie hizo sonreír a la joven.

—¡Claro que es divertido! Podemos diagnosticarlos. ¿Qué huesos crees que podrían fracturarse en ese choque? Yo apuesto por costillas y dislocación de hombro, ¿qué dices tú?

—Mmmm... Yo diría que no habrá fracturas, pero sí contusión craneal y derrame cerebral.

—Vaya, juegas duro. Me gustan los derrames. Atípico en este caso, pero fascinante.

Archie se echó a reír de buena gana. Era uno de los pocos chicos que no le tenían miedo a Cecily, algo que ella agradecía, pues le caía bien. Aplicado, tímido y pecoso, había sido amigo de Jonathan durante su época escolar. De origen humilde, consiguió una beca de la Reina gracias a su excelencia académica y por esa razón pudo acudir a la Hugh Hudson, donde había acabado siendo compañero de Cecily en la carrera de Medicina.

Ambos estaban sentados en el césped contemplando el partido. La academia Hugh Hudson se enfrentaba a los inexpertos jugadores de la academia Hillsbridge, un grupo de jóvenes corpulentos pero con dificultades para trabajar en equipo y escasa técnica.

—Mira, Jonathan ya le ha quitado el balón y nadie ha muerto —comentó ella colocándose un mechón de pelo suelto bajo la horquilla.

—Qué decepción. Por cierto, ¿te has enterado de que han robado un telescopio? El profesor McGregor está que trina.

—No me digas. Qué contrariedad.

Jonathan avanzaba a toda velocidad por el medio del campo. Su corpulencia le hacía fácilmente distinguible entre los demás. Si el otro chico le había recordado a un toro, Jonathan era el mismísimo Minotauro. No era precisamente lento para su envergadura, y la energía y fiereza que desprendían sus movimientos intimidaban a los demás. Aún así, varios chicos trataron de detenerle sin éxito. Finalmente, uno se le echó encima para desestabilizarle. Aunque podía seguir avanzando, otros tantos se abalanzaban sobre él. Al ver cómo su amigo miraba alrededor buscando a alguien, Cecily sonrió.

—Ahora viene la jugada, atento.

Jojo no había podido hacer contacto visual con ninguno de sus compañeros, sin embargo, soltó el balón de manera intuitiva haciendo un lanzamiento diagonal totalmente a ciegas.

El fuego y la tormenta¡Lee esta historia GRATIS!