CAPÍTULO 6: Caballo de Troya

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Los días pasaron lentamente

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Los días pasaron lentamente. Muy lentamente.

El drama diario con las chicas de Pólux no se detuvo, sino que se puso cada vez peor, principalmente porque aparecieron más chicas -y chicos- preguntando por él. Y lo que era peor: terminaron cruzándose entre ellos. La verdad no me importaba que se arrancaron los pelos, pero lo que no podía soportar era que rompieran la mercadería del negocio sin intención de pagarla. Y ni hablar de que espantaban a los clientes.

Éste no podía ser un comportamiento normal. La adoración extrema a mi hermano, la obsesión y los ataques de nervios parecían provenir de personas inestables que habían escapado de un hospital psiquiátrico. Culpaba a la isla por ello. El encierro y la vigilancia constante, la amenaza de un terrible dioscuro gobernando como un dictador en nuestra ciudad, hacía cosas con nuestras mentes. Lo que significaba que todos estábamos un poco locos. Incluyéndome.

Para el final de la semana estaba considerando abandonar el negocio familiar, pero afortunadamente, mi hermano regresó a la tienda el viernes. No es que eso hubiese disminuido el drama. El reencuentro había estado lleno de emoción y lágrimas de felicidad, abrazos y lamentaciones. Multiplicado por veinte.

Sabía que Pólux probablemente debería continuar en la cama, pero no había modo de razonar con él. Cuando se le metía algo en la cabeza, seguía con ello hasta el final, y en eso se parecía mucho a mí. Así que a pesar de mis advertencias y las del médico, Pólux decidió presentarse a trabajar. Al menos pude lograr que se quedara sentado todo el tiempo y no realizara ningún tipo de esfuerzo físico. Después de todo, atender a los clientes era su parte favorita.

Una vez que regresamos a casa, dejé a mi hermano en su cuarto tras cambiarle las vendas. La herida ya estaba mucho mejor, y en una semana probablemente estaría cien por ciento curado. En ese momento, yacía en la cama profundamente dormido, agotado por el esfuerzo del día.

Sacudí la cabeza, cubriéndolo con una manta. No debería haberse presionado tanto a sí mismo.

No lo había visto quejarse, pero mi hermano raramente demostraba sus verdaderas emociones. Siempre ponía su mejor sonrisa mientras por dentro podía estar pasando por un intenso dolor. A veces ni siquiera yo podía enterarme de lo que realmente estaba sintiendo.

Dejé a Pólux descansando en su cuarto para salir de la casa. Subí las escaleras hasta llegar al sitio que tanto necesitaba y abrí las grandes puertas de Troya, el gimnasio de la ciudad.

Solía venir a diario, pero con el accidente de Pólux, había estado bastante ocupada durante toda la semana. Sin embargo, necesitaba urgentemente descargar tensiones, y no me importó que ya estuviera anocheciendo.

El gimnasio estaba lleno a esa hora, pero nadie me prestaba atención mientras hacía mi camino a las bolsas de entrenamiento. Un enorme caballo de bronce ocupaba el centro del local, aparentemente había sido un regalo de uno de los enemigos de la familia. Sabía que había una historia allí y que se había convertido en toda una anécdota, pero realmente no me interesaba. Después de todo, yo sólo iba a entrenar.

La Prisión de los SueñosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora