Prólogo

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Estaba fumando en el balcón. Ese chico todavía no se había ido de mi cama y se había quedado frito. Echarles nunca había santo de mi devoción. Simplemente esperaba a que se despertasen y no me encontrasen. Ellos creerían que me había ido y se irían solos, lo que no sabían es que era demasiado vago para ello. Simplemente me ponía a fumar tranquilamente mientras esperaba y recordaba por qué no podía engancharme a ninguno de ellos. Ya estaba en una relación... o eso pensaban mis padres. 

Encendí el nuevo cigarro que saqué del paquete. Salir a fumar a tu balcón a las nueve de la mañana en Madrid viendo a la gente pasar era uno de los mayores placeres de esta vida. Tu los observabas y ellos te observaban pasando uno del otro. Podías ir sin camiseta y con pantalones de corazones y nadie te iba a decir nada. O eso pensaba yo...

-Hijo, ¿se puede saber que estás haciendo?-Me asomé para cotillear como la vecina regañaba a su hijo... antes de saber que casualmente era mi madre con todas las maletas posibles alrededor suya. Me quedé paralizado al verla. ¿Mi respuesta? Volver a la habitación huyendo de esa situación y echando a ese chico de mi cama. Eso tenía que ser soñado. No podía ser real. 

El chico insistió en volver a vernos y eso, le asentí muchas veces si eso hacía que se fuese. Cada vez me ponía más nervioso porque escuchaba a mi madre gritando mi nombre. Menos mal que ese chico creía que me llamaba de otra manera. Cuando por fin se largó, me volví a asomar para ver si eran alucinaciones ciertas. Desgraciadamente, así era. 

-¿Se puede saber que haces y por qué me ves y huyes?-mi madre, señora andaluza con clase, era una experta en dramatizar todo-¿y esos pantalones? ¿Así te ha enseñado a vestir tu madre?

-Mamá... ¿Qué haces aquí y por qué estás tan alterada?-pregunté intentando entender que estaba pasando

-Porque creía que por lo menos iba a tener apoyo tuyo y ni me contestas las llamadas, ni me recoges y ahora me recibes así. ¿Te parece bonito, hijo mío?

-Pero... mamá, ¿qué pasa? Dejé el móvil en casa por si me lo robaban, no me lo llevo nunca de fiesta. 

-¿Y saliste de fiesta con esos pantalones? Menos mal que estoy aquí, de ahora en adelante voy a poder ayudarte todos los días como buena madre que soy

-¿Qué?-me quedé a cuadros

-Voy a vivir contigo, cariño, necesito estar con mi niño ahora que tu padre me ha dejado por la guarra de su secretaria

-¿Qué? Eso es imposible

-Pues no, porque la secretaria es una guarra y tu padre es un gilipollas, es que todos los hombres son iguales... blablabla... 

Dejé de escuchar, todavía seguía flipando. ¿Cómo explicar por qué eso era lo último que tenía que pasar en mi vida? ¿Cómo resumirlo? Mmm... Mi madre pensaba que estaba estudiando en Madrid viviendo con mi novia en el mismo piso. Esa supuesta novia era mi mejor amiga, lo cual era lesbiana y al encontrarnos los dos en una situación donde nuestros padres no nos aceptarían por nuestra sexualidad, empezamos a fingir nuestro romance y al final, viviendo nuestra vida como queremos lejos de la gente que no debe enterarse. En cambio, la principal persona que no debía enterarse al yo ser alguien totalmente distinto al que ella creía estaba ahí, con miles de maletas dispuesta a vivir en mi vida perfecta que a ella le parecía inmoral. ¿Lo peor de todo? A ver quién tenía cojones de decirle que se comía una mierda y que no entraba. 

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