Capítulo 2

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Blake estaba recostada en la cama del hostal que Calder había alquilado para ellos. Para ese momento, la ceremonia ya había pasado, ni siquiera recordaba lo que le habían dicho, incluso no comprendía como era que Calder había logrado conseguir a un sacerdote y todo lo necesario en tan poco tiempo. Sobre todo, tomando en cuenta que ella era una jovencita y él, un hombre tan importante para la sociedad inglesa. Lo cual se refería a que su boda debía ser una verdadera fiesta, no algo a escondidas.

En ese momento, la puerta se abrió, dando paso a su nuevo marido, quién, a pesar de haberse casado con una mujer que ciertamente no amaba, mostraba en su rostro aquella sonrisa de suficiencia y una mirada abrazadora.

-Hola querida, ¿Sigues lamentándote?

-No -Blake se sentó en la cama y lo miró desde ahí- ¿Qué sigue?

-Nada. Volveremos a Londres en tres días, tómatelo como nuestra pequeña luna de miel.

Blake se puso en pie.

-¿Volver a Londres?

-Claro, ahí vivo, ¿Qué no?

-Yo pensé... No sé, que nos iríamos de ahí.

-¿Ah sí? -se quitó las botas- ¿Por qué habría de ser así?

-Bueno, mi familia no lo tomará muy bien que digamos.

-Eso lo sé, ¿Y qué?

-¿No comprende? -le dijo extrañada-, enfrentamientos, peleas, retos.

-Puedo asesinar a quién se postre ante mí -levantó una ceja-, también puedo negarme o decir la verdad.

-¡No!

-Ah, entonces tendrá que solucionar eso usted misma. Digamos que soy de mecha muy pequeña, cualquier cosa logra encenderme, entonces, si no quiere que pase nada, tendrá que ser usted quién actué antes que yo.

-¿Pide que me enfrente yo a mis familiares después de lo que hice?

-¿No haría lo mismo al haberse fugado con Marco?

-Yo...

-Bueno, tiene su respuesta. Como le dije, si usted no hace nada, lo haré yo, pero sea consciente de las posibles consecuencias.

-¡Es usted todo un demonio!

-Ah, podría verlo de esa forma. Pero este demonio, le ha salvado el pellejo.

Blake se quedó callada. Era verdad. No podía decir que no agradecida estar casada con él a tener que afrontar una vida entera de soltería y repulsión. Porque, de no haberse casado, habría pasado justo eso.

-Bien, haré que mi familia no se meta con usted -asintió- ¿Feliz?

-¿Y yo por qué habría de estar feliz? La que se beneficia de todo es usted. Ahora comparte mi inquebrantable riqueza, mi título y la casa donde creció. Así que felicidades a usted.

Blake rodó los ojos y bajó la cabeza.

-Todo perfecto menos el hombre que lo acompaña -susurró.

-Bueno, podría ser peor -respondió él, escuchando lo que intentó que no escuchara-. Al menos no soy viejo, feo o un abusador.

-No se jacte tan rápido de tantas cosas.

Calder entrecerró los ojos. La intensidad de la mirada logró intimidar a Blake, no podía creer que existiera un hombre con una mirada más fuerte que su padre, su tío William y su tío Thomas. Las superaba con creces. Quizá fuera la forma en la que parecía que los ojos del duque de Bermont ardían como el mismo infierno.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!