Antes de que salga el sol

33 5 2

Abrí los ojos débil y algo febril al tercer toque de despertador

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Abrí los ojos débil y algo febril al tercer toque de despertador. El cielo se había teñido de dorado y malva y el viento susurraba cada vez con más fuerza entre los tablones de la fachada de casa. Me levanté, me lié con la sábana y fui hasta la ducha. Esperé sentada sobre el váter, ausente, a que el agua saliera templada y me metí bajo el chorro. Aquello me espabiló de golpe. Oí la televisión en el piso de abajo, a todo volumen, porque mamá había empezado a quedarse sorda. No me entretuve demasiado. Me repasé las piernas y las axilas con la cuchilla y me puse una mascarilla con olor a frutos rojos en el pelo. Me envolví con el batín y me sequé el pelo pensando en si iba a maquillarme o no. Finalmente ganó el no, por la simple razón de que no sabía hacerlo e iba a quedar peor si lo intentaba. Me puse unas medias grises y una falda corta, de tubo, del mismo color; una camiseta de tirantes y encima una camisa roja a cuadros escoceses. En los pies, unas Doc Martens granates, las que reservaba para cuando necesitaba ir un poco presentable.  Me miré en el espejo, un último repaso para darme el visto bueno. Llevaba puesta mi mejor ropa y no era nada del otro mundo. 

Un claxon me sacó de mi ensueño. Miré el despertador sobre mi mesilla de noche y después por la ventana: la furgoneta de Mick, con Simon en el asiento del copiloto y Joe atrás, estaba esperándome en la entrada. Les hice una seña que no sé si vieron, cogí el bolso con mi cámara y dos carretes y bajé corriendo las escaleras. Me despedí de mi madre y mi hermana y ellas me devolvieron un gruñido cansado como contestación. Descolgué la chaqueta del perchero de la entrada y fui al encuentro de los Black Stars. 

Cuando ya estaba cerca Simon bajó para abrirme, en un gesto caballeroso, la parte trasera. Al hacerlo Joe saltó del interior y pasó al asiento delantero. Mick le miró con disgusto. 

—Vosotros dos detrás. Yo quiero ir con Mick —dijo guiñándonos un ojo. 

Simon y yo subimos detrás y cerramos con un golpe seco. Mick soltó una maldición y pidió a Simon que controlara su fuerza. Él se puso rojo de vergüenza y me miró con una sonrisa de circunstancia. Yo le sonreí, quitándole hierro al asunto.

—Estás muy guapa esta noche —me dijo en un susurro, acercándose a mi oído, bajo la mirada atenta de Joe.

—Qué cucos sois, diciéndoos cositas al oído. ¿No te parece Mick?

Mick hizo ver que no oía a Joe pero sí nos lanzó una mirada a través del retrovisor. Una mirada helada, una advertencia, un «no me gusta que hagáis esas cosas en mi presencia» en toda regla. 

—Montamos en cuanto lleguemos, ¿no? —preguntó Simon echando una mirada a los instrumentos, cables y amplificadores cargados en la parte de atrás de la furgoneta. 

Mientras estaba así, distraído, observé su perfil sin que se diera cuenta. Él también estaba guapo, muy guapo. Se había afeitado la incipiente barba castaña y el cabello largo y rubio caía liso sobre sus hombros. Su nariz pequeña, su ceño perpetuamente fruncido y sus labios carnosos me atrajeron enseguida. Y el olor de su colonia, amaderado e intenso. Se giró, buscando la respuesta de los demás, y me pilló intentando disimular que no le miraba. 

The Black Star Army¡Lee esta historia GRATIS!