Capítulo 23- Explosión de matices

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Hola mis Astros Bellos, mi vida vuelve a estar encaminada, eso significa que vuelvo a estar en rodaje. Trataré de publicar cada día Manto del Firmamento y Catherine una vez a la semana. Pediros mil disculpas, pero han habido asuntos que me han tenido lejos de todo, ya comenté que estaba de mudanza. Adaptarme al nuevo sitio, al nuevo piso.... no ha sido fácil. OS QUIERO MUCHO.


Georgiana removió su melena alborotada tras el arduo día de trabajo que había tenido que vivir en casa de su propio marido, haciéndose pasar por una simple doncella, siendo objeto de burla por parte de  las demás sirvientas. Y no pudo evitar acompañar aquel grácil movimiento con un suspiro mezclado de alivio y exasperación. 

Aliviada por saber que su suegro no era tan vil como había imaginado, si bien era un hombre totalmente inflexible y demasiado controlador, no era ni seria capaz de atentar contra la vida de aquellos que él consideraba parte de su familia. Tan solo había que ver el espíritu risueño y alegre que conservaba Sophia para comprender que sus hijos lo eran todo para Charles Peyton. Sin embargo, el haber superado ese objetivo impuesto por ella misma, le hacía considerar hasta cuando deberían vivir en esas condiciones. Era cierto que Georgiana era una mujer de fácil carácter, soberbia en muchas ocasiones, pero en contraposición muy humilde en lo a que la vida cotidiana se atañía. Todo un estallido de colores díficil de descifrar. Pero en su humildad para con los más desfavorecidos, no dejaba de ser una dama de alta alcurnia por lo que todavía, si cerraba los ojos, podía escuchar las burlas de esas jóvenes trabajadoras y un aire de estilo Audrey le recorría a través de la columna vertebral. ¿ Quiénes se creían que eran esas zarrapastrosas para humillar así a alguien?   

Si alzaba el mentón podía ver su reflejo en un pequeño espejo que tenía delante e inconscientemente se pasó la mano a través de sus mechones rojizos, tratando de peinarse y borrar el sufrimiento, con ese gesto inadvertido, que su cuerpo había tenido que padecer durante meses. Despidiendo esa placentera enajenación mental que había vivido por unos segundos retornó a la realidad visualizando de nuevo la copa que había causado en Thomas un cambio de humor tan brusco, tan brusco como para salir de la estancia sin despedirse. No era que su esposo fuera un caballero, ni si quiera se podría considerar un hombre de educación intachable, si bien trataba de fingir unos modales pedantes que no la engañaban. Pero incluso en él era extraño ese proceder. Frunció el ceño levemente, el cual ya empezaba a dibujar una sensual línea vertical por la frecuencia de ese movimiento y volvió a oler el vaso tratando de saber qué era ese olor. 

"El olor de la traición", pensó para sí misma. Todavía no había escuchado nada, ni había visto a Clarissa hacer las maletas pero no era muy díficil entender que había sido engañada. Si pretendía ser una doctora algún día, esos casos tan simples no podían suponerle un calvario mental, engañada. Simplemente traicionada. Clarissa, la entrañable doncella que había sido su amiga y su confidente por meses, la había envenenado para que no se quedara embarazada y a saber qué más. 

-Gigi- la voz de barítono de Thomas anunció la llegada física de esa declaración de engaños.

-¿Sí? - sonó extrañamente fría mirándolo a través del espejo, sin ni si quiera tener esa necesidad humana de girarse para enfrentar al enemigo. 

-¿Qué hacemos con ella? - entrecerró sus ojos grisáceos tratando de llegar a los dos orbes verdes que lo miraban con cierto deje de aburrimiento. 

-¿La has interrogado? 

-No para de llorar y negarlo todo, pero no hay duda, te estaba dando un brebaje para que...

-Sí para que no concibiéramos un heredero... puedes decirlo y alegrarte también, no soy estéril por la herida que uno de tus enemigos me causó en el vientre sino por el veneno de una de tus sirvientas.

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!