51. Cuenta regresiva

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(Ojo: Leer capitulo 50 antes. Las notificaciones de Wattpad pueden haber confundido a algunos)


Alex


Solae acaba de soltar mi mano, dándome a entender que todo esto va en serio, que efectivamente ya es demasiado tarde.

Es tal la desesperanza y el amasijo de sentimientos en mi interior, potenciados por la oscuridad y el ruido ambiental, que no soy capaz de distinguir si lo que estoy viviendo es real o solo es obra de Anton jugando con mi mente.

Me siento en un estado de semi-inconsciencia, en que mis pensamientos a ratos dejan de ser coherentes, hasta el punto de llegar a preguntarme si lo que había vivido junto a Solae hasta este día había sido real. Si realmente alguna vez había sido su mejor amigo o si todo solo había sido producto de mi imaginación.

La única certeza que tengo en este minuto es sobre mis sentimientos por ella y mis deseos de que Solae esté bien.


«Ella va a estar bien» 


Por alguna razón escuchar la voz de Anton dentro de mi cabeza no me resulta extraño, ni tampoco invasivo, sino que hasta me resulta tranquilizador. Lo miro, dándome cuenta que él no es mi enemigo. Todo el rencor que creía sentir hacia él, realmente había sido el odio que había sentido hacia mí mismo, hacia mi fracaso de no haber sido para Solae lo que él sí logró ser, hacia mi incapacidad de haberla hecho feliz como él sí lo había conseguido.

Anton ya no se ve amenazante. En su traje blanco casi parece una especie de ángel que ha venido a cuidar a Solae. Siento que puedo confiar en él. Es más, de pronto tengo la certeza de que con Anton, Solae va a estar bien.

«Tengo que dejarla ir» pienso al contemplarla, a pesar de lo desgarradora que me resulta la idea.

«¿Pero por qué es tan difícil?» me pregunto y me acerco más a ella. Rodeándola con mis brazos, la sujeto con fuerza, por última vez.

—Te amo, Solae —le digo sintiendo mi garganta apretarse tanto, que apenas me permite hablar, mientras que una y luego varias lágrimas comienzan a caer incontrolablemente por mi rostro.

Solae no me corresponde el abrazo y cierro los ojos, aferrándome a ella, consciente de que ésta es una despedida, a la vez que una inminente cuenta regresiva comienza a tomar forma en lo profundo de mi mente.

Es el fin de nuestro mundo, de nuestra amistad, de esta realidad en la que no pudimos estar juntos.


«Diez»


La voz de Anton me susurra que nada de esto lo recordaré mañana. Que ya no seguiré sufriendo y que por fin tendré lo que tanto quiero. Eso me tranquiliza. Y es que esta vez ya no quiero que Solae me deje en paz. Tampoco obligarla a estar junto a mí.

Lo que anhelo es que Solae sea feliz.

Ese es mi nuevo deseo...


«Nueve»


Ninguno de nosotros recordará nada de esto. Ni Solae, ni yo, ni ninguno de los que nos rodea.

Sé que esta vez nadie quedará inmune. Que será definitivo.


«Ocho»


Mientras te sigo abrazando y como si estuviera a punto de morir, siento cómo todos mis recuerdos contigo comienzan a pasar como flashes ante mis ojos, como un recuento de nuestra amistad. Pero a la vez, comienzo a sentir cómo suavemente estos comienzan a perder su color, su intensidad, su nitidez...


«Siete»


Lentamente comienzo a desconectarme de cada uno de ellos.


«Seis»


Poco a poco suelto el abrazo y me separo de ti.

Nuestros recuerdos dejan de ser importantes. Tu aroma, tu perfil, tus ojos, poco a poco también dejan de resultarme familiares.


«Cinco»


Tu sonrisa... esa sonrisa, ese cabello, unas manos, un collar, todo se esfuma y ya no siento angustia. Solo esa sensación de que hay algo que debería recordar, pero no estoy seguro de si en verdad lo olvidé, o si es que en realidad nunca ocurrió.


«Cuatro»


La chica que está frente a mí de pronto parece reaccionar y siento cómo coge mi mano.

Su mano está tibia.


«Tres»


La chica frente a mí comienza a llorar, mientras cada vez con más fuerza, presiona su pulgar contra la palma de mi mano. Tengo la sensación de que con aquel gesto desea decirme algo importante, pero no consigo comprender de qué se trata.

No sé por qué está tan triste.

Intenta hablarme, pero tampoco la escucho.

No escucho nada.


«Dos»


Siento mi cuerpo liviano, como si acabara de dejar un enorme peso atrás y mucha calma.

Nada importa, ella no importa, yo tampoco importo.


«Uno»


Blanco. Todo es blanco y escucho una voz que a lo lejos me da paz...


«Cero»


Y luego, la nada.














Y luego, la nada

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