Capítulo 1

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CAPÍTULO 1

1 de marzo de 1899

Una joven mujer teniendo que acudir al último hombre que pensó. El ser al que menos quisiera pedir ayuda, el hombre que haría que se le partiera el orgullo en mil pedazos. Solo él parecía ser única opción de salvación tras su estúpida equivocación.

Eran las doce de la noche de aquél jueves. Un día que Blake jamás olvidaría, pues estaba volviendo a pisar las baldosas del imperioso castillo Bermont, pero no como lo había hecho cuando niña, sino como toda una mujer. Además, esa ya no era propiedad de su familia, sino del nuevo duque, Calder Hillenburg. O el demonio encarnado, lo que se desee pensar.

La pobre chica, elevó la mano con lentitud pasmosa y tocó solo dos veces a la puerta, como si esperase que nadie abriera. La opción de lanzarse por un puente le parecía tentadora cuando el mismo dueño de la casa abrió las grandes puertas.

—¿Qué diablos?

—Necesito tu ayuda.

Calder colocó una expresión sonriente sin dejar de parecer malvado. Él esperaba ese resultado, en varías ocasiones en el pasado se lo había echado en cara y, en ese momento, todo se veía confirmado.

—Te dije que cuando volvieras a mí, las cosas no serían tan sencillas.

—Sí —sucumbió ella—, dijiste que tendría que rogar. Estoy dispuesta a ello.

—En ese caso, pasa.

Blake descubrió su cabeza, apartando la capa negra que llevaba encima y mostrando su cabellera tan negra como la misma noche. Su tez pálida mostraba la rojez que uno tiene cuando llora en demasía.

—Así que, vienes a rogar, ¿Cómo piensas hacerlo?

—¿No vas a preguntar por qué estoy aquí?

—Es irrelevante, sé la respuesta.

—¿Cómo es que lo sabías?

—Te lo dije hace ya mucho tiempo, era una obviedad.

—Solo dime que es lo que quieres que haga.

—Pídemelo.

—¡Yo...! —intentó replicar, pero rápidamente calló y suspiró—. Calder Maximilian Hillenburg, te pido por favor... No, te suplico, que te cases conmigo.

El hombre mostró una sonrisa perversa, sus ojos brillaron como el mismo sol, pues ese era el color que tenían y se inclinó sobre ella.

—No.

—¡Pero...!

—Te dije que aceptaras cuando te lo pedí —se inclinó de hombros—, te mostraste orgullosa y hasta dijiste que jamás pasaría. Ahí están tus consecuencias.

—¿Es usted tan cruel? ¿Qué quiere? ¿Qué me incline ante usted? ¿Qué me arrodille? —inquirió—. Lo haré, solo diga lo que quiere.

—Estás pidiéndome algo grande, por lo tanto, tienes que darme algo grande.

—Te ofrezco todo lo que tengo...

—Que será nada, puesto que tus padres seguramente te desheredan cuando sepan que te casarás conmigo.

—¡Entonces a mí misma!

—Puedo tener a cualquier mujer, no eres relevante para mí —sonrió—, dime algo que haga que ceda, ¡Vamos prodigiosa hija de los Collingwood! Dime algo que me convenza de casarme contigo y borrar tu terrible error.

Blake ya no sabía que más ofrecer, se había dado a sí misma ¿Qué más podía pedir?, pero entonces, lo comprendió. Calder Hillenburg era un hombre calculador, enigmático y dominante. No importaba que se ofreciera a sí misma, puesto que, aun así, ella podría ser como su madre. Rebelde, única, autentica, atrabancada, imperiosa y testaruda.

—Seré y haré... —Blake casi mordía su lengua para no decir lo que seguía—: todo lo que tú digas.

La respuesta había sido la correcta, puesto que Calder sonrió.

—¿Cuándo será la boda, mi cielo?

—Lo más pronto posible.

—Supongo que será a escondidas —asintió Calder—, tenemos que irnos esta misma noche, porque mañana temprano, todos te estarán buscando.

—Mi padre querrá matarlo.

—Lo sé, será divertido.

Blake lo miró aterrada.

—Lo siento querida, pero te has casado con el mismo demonio.

—No le hará nada, ¿verdad?

—Tienen un arma fuerte de su lado señorita, que seguramente intentará evitar que yo asesine a alguien de su familia.

—¿De quién habla?

—Nadie. ¿Nos vamos?

—Sí.

Blake sabía que sus padres la odiarían por el resto de su vida. Se estaba por casar con el hombre que la familia Bermont odiaba por sobre todas las personas del mundo. Pero no había opción alguna. Diría que sí ante ese altar, donde solo estaría Calder Hillenburg.

Siempre pensó que su vida sería diferente, que se casaría con el hombre que amaba, frente a toda su familia, apoyándola y dándole soporte en ese momento en el que se desprendería de ellos. Sin embargo, estaba a punto de cercenarse de ellos de la forma más cruel que hubiera podido imaginar.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!