Orgy (parte 2)

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El alcohol cayendo por mi garganta logró aligerar mis penas, o acrecentarlas. Tuve que apretar mis dedos para no sentir la necesidad de acariciar su piel. Esa mujer, Céline, es un misterio que destierra todos los demonios que he olvidado.

—¿No te molesta? —Céline me miró con ternura.

—Para nada, estoy acostumbrado —mentí.

—Bradley es de hielo, querida —aseguró Suni.

Tomé un trago muy grande de whisky. Temí que las cosas se pudieran descontrolar.

—Creo que es momento de que me vaya —aseguré.

Sin embargo, Suni sujetó mi brazo y me dijo que debía esperar a su esposo.

—Solo unos minutos más, querido. —Suni apretó con fuerza mi pierna.

Quise que ella no mencionara eso, porque en lo profundo de mí quería saber qué estaba tramando ese tipo. Sin duda Suni supo detenerme. Resignado a esperar más tiempo, lancé una gran sonrisa y seguí vaciando whisky en mi copa.

Me costó trabajo dejar de mirar a Céline, pero logré aparta mi vista para dirigirla hacia Andrew. Ese imbécil no conoce la discreción. Durante los instantes que lo miré, movió sus ojos con furia. No podía ocultar que algo malo estaba pasando; movía sus manos con enojo, con rabia y preocupación.

—¿Me sirves whisky, Bradley? —Céline acercó su mano.

—Seguro, ¿normal o doble?

—Doble.

—¡Esto se pone bueno! —aseguró Suni—, también sírveme uno doble.

—¿Y tu faceta de camionero? —pregunté.

—Creo que aún puedo soportar un poco más. También deberías servirte uno doble, Bradley. Eres el único que aún no tiene calor. —Suni señaló con su copa hacia donde estaban los demás.

El matrimonio Pellegrini había empezado a besarse. Rosemarie probaba los labios de su esposo con mucho deseo, también jugaba con la entrepierna de Andrew, quien seguía en su faceta de sentirse superior.

De forma inesperada, Céline me arrebató la copa de whisky y la bebió de un sorbo. Miré a Andrew para saber qué hacía, y él seguía con esas miradas estúpidas de complicidad. Por suerte, volteé a tiempo para ver el ademán de indiferencia de Céline. Reí por dentro porque esa mujer levantó sus hombros en señal de que «no sabía».

—¿Quieres más? —le pregunté a Céline.

—Que sea triple —contestó.

Suni tiró a propósito su copa de whisky sobre mi pantalón, y solo dijo «perdón, tenemos que limpiarlo». Sin ningún tipo de recato, se levantó del mueble y cogió un pañuelo de su bolso.

—Pero que lo haga Céline —aseguró con una sonrisa frívola—, yo no puedo coordinar muy bien.

—Claro —Céline tomó el pedazo de tela, miró a Andrew y comenzó a acariciar parte de mi pierna—; no te incomodas, ¿verdad?

—No tienes qué hacerlo —aseguré.

—Tengo y quiero —contestó.

Esa rubia se postró de rodillas frente a mí, se sujetó de una de mis piernas y comenzó a limpiar la mancha. Suni la tomó desprevenida por la espalda, besó su cuello y comenzó a acariciar sus senos. Pude advertir el desapruebo de Céline, quien —en un principio— intentó alejarse. Sin embargo, de nuevo Andrew presionó con la mirada, y Céline —al verlo— respondió las caricias de Suni.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!