Oneshot: Tormenta estival

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¡Hola! Sé que muchos habéis venido durante estos dos meses y pico buscando los oneshots, en especial una posible escena de Dio y Jonathan compartiendo su primera vez  ( ͡° ͜ʖ ͡°)

Un poco tarde, pero aquí la tenéis. La escena tiene lugar inmediatamente después del final del último capítulo, «Eros y Tánatos». Contiene sexo explícito y lluvia, fundamentalmente.

¡Espero que os guste! Nos vemos en el próximo capítulo, que publicaré entre el martes 16 y el jueves 18 <3

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Las gotas de lluvia golpeaban contra el cristal, gruesas y cargadas. Después resbalaban dejando un surco de lágrimas limpias en el vidrio, teñidas de luz cobriza. En la habitación de Jonathan, las llamas del candelabro y la pequeña lámpara de petróleo ardían incansablemente, proyectando sombras misteriosas en las paredes y arrancando reflejos cálidos a todo cuanto tocaban.

Afuera, el verano se había vestido de otoño solo por una noche.

«Tengo algo dentro que no para de agitarse y me enfurece. Palabras siniestras se repiten una y otra vez, me dicen que esto terminará, que me rechazarás... Que algún día descubrirás la oscuridad que hay en mi alma».

Por alguna razón, Jonathan no podía dejar de pensar en lo que Dio había dicho. Sus brazos rodeaban al muchacho rubio, manteniéndole contra su cuerpo en un abrazo posesivo al tiempo que protector. Sus labios estaban sobre los de él, abriéndole la boca con gentileza, dibujando líneas suaves sobre ella en un beso trémulo. Había tensión y rigidez en el modo en que Dio se aferraba a él, como si tuviera miedo de dejarse llevar por completo. Como si aún sintiera que debía ocultarse.

—No te escondas de mí —susurró sobre sus labios sin pensar.

Dio no respondió, tampoco habría podido hacerlo. Jonathan presionó sobre su boca, sellando sus labios mientras se deshacía de su chaqueta.

No sabía si algún día llegaría a comprenderle del todo. Todos los secretos que guardaba, los misterios que atesoraba, aquel fuego salvaje que incendiaba su corazón... Pero hacía tiempo que Jonathan había aceptado la realidad: se pertenecían. Sin él, la soledad regresaba y lo consumía todo, lo había comprobado con grave sufrimiento durante su ausencia. Y nadie podía aplacar la angustia de su hermano adoptivo a excepción de él. Eso lo estaba comprobando ahora, al sentir cómo el cuerpo del rubio se relajaba poco a poco entre sus brazos; los dedos engarfiados en su camisa se aflojaban, el cuello dejaba vencer la cabeza hacia atrás, sometiéndose a su beso avasallador y la cintura elástica se pegaba a la suya.

Afuera, el cielo se había vestido de otoño, pero dentro de la habitación su cuerpo se inflamaba con la calidez de un verano salvaje.

El beso se volvió más profundo y apretado. La lengua de Dio se deslizó sobre la suya hacia el interior de su boca, buscando autoridad. Le escuchó respirar con fuerza, sintió la presión de su cuerpo contra el suyo, el roce de las manos sobre su pecho, ascendiendo hasta su cuello para enredarse detrás de su nuca. Con un suave movimiento, sus cuerpos se acoplaron el uno al otro, como formas líquidas. Jonathan deshizo el abrazo para bajarle los tirantes y comenzó a desabotonar la camisa con dedos rápidos y urgentes.

Quería consolarle, apartarle de los fantasmas que parecían haberle atrapado en su maldición. Si era suyo, estaría a salvo. Tenerle significaba protegerle, ser su escudo y su abrigo... Salvarle de todo, incluso de sí mismo. Y si algo había aprendido Jonathan en los últimos meses era que donde no llegaban las palabras, llegaban los besos.

El fuego y la tormenta¡Lee esta historia GRATIS!