Capítulo trece: Orgy

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—¡Bradley!, ¿qué haces aquí? —preguntó Céline cuando me vio sentado en el recibidor.

—Tomo un par de tragos, ¿y ustedes?

—Vinimos a la reunión —Andrew apretó los dientes para contestar—, ¿podemos pasar?, ¿o esta noche habrá otra clase de inconveniente...?

—Perdónalo —murmuró Céline cerca de mí.

—Claro que pueden entrar, esta noche tienen que conseguir una pareja para que puedan permanecer en el club.

Acompañé a los McGonagall cuando llegaron. Céline llevaba un elegante vestido largo con escote. Sin ninguna clase de preámbulo, ella se dirigió hacia Elián. Sin embargo, para su desgracia, la pareja estaba muy ocupada charlando con varios singles; ni siquiera le permitieron saludarlos.

Por la forma en la que miraba, supe que Céline no se daría por vencida. Pero tuvo que resignarse a aguardar su turno. Andrew McGonagall, como de costumbre, estaba sentado a un lado de ella fingiendo ser superior; no dejó de mirar a todos con cierto aire de grandeza e incluso desdeñó la carne de faisán por la de «león». Hasta para ser mediocre, era mediocre.

Me alejé de ellos cuando pude, los observé a la distancia. Medí sus movimientos, sus gestos, su charla... los escudriñaba con sigilo. No pude notar ninguna señal de alguna operación en su piel, pero Céline actuaba totalmente diferente: ya no era la mujer recatada y asustadiza del bar, ella se había vuelto igual que Joanne.

Coqueteaba guardando la discreción como un juego en el que engañaba un poco a su supuesto esposo; miraba de reojo a los hombres que caminaban frente a ella, esperaba a que se acercaran y pasaba sus manos con delicadeza por su cuello y brazos.

Si alguien me hubiera contado, no lo creería. La mujer que estaba en ese momento era diferente. Por fin mostró a esa persona que nos ganó en diversas ocasiones a René y a mí.

Los primeros en caer fueron el matrimonio Pellegrini. Hans se acercó a tomar una copa de champaña, y Céline bajó con discreción su vestido; apenas movió un poco la tela sobre su hombro, no dejó ver la desnudez de sus senos, pero si la majestuosidad de su piel blanca.

Casi como un hechizo, Hans perdió la mirada en la suave piel de Céline. Y ella completó el acto mirándolo con cariño, una mirada compasiva de dulce perdición. Ese hombre sonrió como un mártir que acepta su castigo.

—¿Es hermosa? —debí perderme en la escena, porque no advertí a tiempo la intromisión de Suni.

—Lo lamento, no te vi —contesté—, ¿de qué hablas?

—No dejas de observarla, ¿te gusta, Bradley?

—Para nada, es simple precaución.

—También sospechas algo de ellos —Elián interrumpió la conversación—, ¿no es así?

—Yo desconfío hasta de mi propia sombra, su majestad.

—Vamos, amigo —Elián me dio una palmada en el hombro—, deja de llamarme así. Quienquiera que me regalé un auto para mi colección debe tutearme.

—Entiendo, Elián, pero... lamento decepcionarte, no veo nada sospechoso en ellos, y los he observado desde que llegaron.

—Nos alegra que nos cuides. —Suni abrazó a su esposo.

—Para eso estoy aquí.

—¿Qué sugieres, Bradley? —Elián miró a Céline sin ninguna clase de discreción—, ¿les damos una oportunidad?

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!