A la mitad (parte 2)

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Vamos por el principio: René, Leah, Michael, Will y Sofia salieron de la isla para tener un tiempo de tranquilidad; unas vacaciones del infierno. Joanne y yo nos quedamos para continuar la investigación con los McGonagall, y cómo la información de Céline parecía estar oculta de todo el mundo, Joanne se obsesionó por encontrarla. No entiendo a las mujeres y su manía por afrontar retos innecesarios.

Así que no tuve más remedio que encarar a la clientela por mi propia cuenta. Causé una variedad de reacciones inesperadas cuando les revelé —a los miembros del club— que era el copropietario. En palabras de algunos incautos: «era imperdonable que ocultáramos esa información».

Sin embargo, gracias a que varios de los miembros más antiguos me conocen y respetan, no hubo tantas quejas.

El matrimonio Pellegrini, una pareja de empresarios suizos, fueron los únicos que quedaron inconformes con la decisión. Hans Pellegrini fue el primero que pidió una explicación detalla, la cual negué.

—No esperas que te crea, ¿verdad? —Hans objetó de manera contundente—. Sauvage, te conozco desde hace muchos años, ¿por qué nunca nos lo dijeron?

—¿Para qué hubiera servido? —respondí.

—¡Esto es inaceptable! —gritó Rosemarie Pellegrini, quien parecía más molesta—, les brindamos nuestra confianza, ¿y nos pagan de esta forma?

—¿De cuál forma, Rose? —cuestioné—, esto no es ningún cambio. René sigue siendo la dueña, cuando regrese volverán a verla.

—Yo jamás llegué a un acuerdo con Bradley Sauvage —aseguró Hans—, yo acordé con René todos los pormenores de nuestro contrato.

—Y yo no les estoy pidiendo que se reabran los contratos. Ni siquiera les pido su consideración. Somos una sociedad que se rige por leyes, caballero. René regresará en un par de semanas, mientras tanto, tomen esto como una compensación.

Dustbunnies es una cadena con presencia en varias partes del mundo. Sin embargo, el Dustbunnies original —situado en esta isla— únicamente atienda a 50 clientes habituales, los demás van y vienen cada determinado tiempo. Entre ellos hay líderes religiosos, millonarios, políticos, famosos y criminales; para mí, la mayoría son lo mismo. Por esa razón es fácil entender al mercado. ¿Qué es lo que quiere un hombre con poder?

Al comienzo de la reunión repartí 25 cajas entre las parejas. Les pedí que no las abrieran hasta que se los indicara. Dentro de ellas había 25 llaves de sus nuevos Ferrari —cortesía de la casa—. Por si fuera poco, dispuse una mesa con manjares apetitosos que no pudieran ser encontrados con facilidad: sobre la mesa, estaba la cabeza de un enorme león con cortes de carne acomodados en presentaciones pequeñas. A los costados, había plumas de pavorreal, pieles de animales hermosos, y bocadillos de todos colores, sabores y texturas.

Al final de todo, uno de los meseros —semi desnudo— retiró una cortina que ocultaba a 50 personas, entre hombres y mujeres, desnudas. «Vírgenes», aseguré ante el público.

—De esta forma honramos su confianza y preferencia, sírvanse hasta quedar saciados. —La gran terraza donde hicimos el evento quedó en silencio cuando pronuncié esas palabras.

Al fondo del lugar, Elián comenzó a aplaudir. Le siguieron —paulatinamente— los demás clientes.

—Tú sí sabes cómo complacer a tus clientes, Bradley —mencionó Elián—; este Ferrari me faltaba en mi colección.

La marejada de silencio se interrumpió por un alud de risas sin sentido. No hubo más objeción después de eso, pero los Pellegrini siguieron molestos.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!