EL PURÉ DE VERONY

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Llego a la planta 24. Maria me recibe en la puerta de casa:

— ¿Seguro que no había ningún paquete?

Suspiro.

— Seguro, Maria, segurísimo. No había nada.

— Vaya... -se decepciona.

La esquivo, entro y me dirijo al salón.

— ¿Qué tal en la biblioteca? -me pregunta Verony, tirada en el sofá, sin apartar la vista de las páginas del libro de Harry Potter que tiene entre manos, y que ya debe de haber leído unas diez veces.

— Mal -respondo. Necesito desahogarme-. Se avecinan muchos exámenes... y estoy agobiado. No sé si aprobaré. Tengo bastante estrés, porque... -Observo a mi compañera. Asiente automáticamente. Creo que está pasando de mí-. Porque hay un elefante de mascota en la biblioteca, que no para de partir cacahuetes con su gigantesca trompa y no me deja concentrarme. -Esta sigue asintiendo. Como sospechaba, me ignora. Está perdida en los mundos mágicos de J.K. Rowling.

— Ajam... Sí... -comenta.

— ¿Verony, has hecho la cena? -irrumpe en el salón Maria-. Tengo hambre.

 — Ajam... -continúa.

— No te va a hacer caso. Está enganchada a su lectura. Ya la conoces... -digo yo.

— ¿Otra vez leyendo la historia del niño volador de gafas? -Se acerca, le quita el libro de las manos con brusquedad y pregunta-: ¿Has hecho la cena? Quedamos en que tú te encargarías de ello, mientras que Andrés y yo de la limpieza.

— ¡Harry estaba en la taberna "El Caldero Chorreante"! -protesta Verónica, le debe de haber interrumpido en el mejor momento.

— El único caldero chorreante que me interesa a mí, es el que debería de haber sobre la mesa. ¡Es la hora de cenar!

— Lo sé, lo sé... He preparado puré -responde, se levanta y desaparece camino a la cocina.

— ¿Puré? -Pone cara de desagrado Maria.

— Al menos hay algo... -soy positivo.

— Vete tú a saber de qué está hecho ese mejunje... -continúa protestando mi compañera rubia-. Esperemos que no le haya echado patas de rana, pelos de cabra y esas cosas raras de sus novelitas.

— ¡Te estoy escuchando! -grita Verónica desde la cocina.

Maria no responde, tan solo suspira y se muestra asqueada.

— ¿Qué tal en la biblioteca? -se interesa después por mí-. ¿Cómo llevas fisiología de la educación?

— Psicología de la Educación -corrijo.

— Sí, eso.

— La verdad es que lo llevo mal. No sé si me darán los días para estudiar todo. Es mucho y dispongo de poco tiempo para...

—¡La cena! -entra Verony con un puchero en el salón, lugar en el que siempre cenamos, y lo apoya sobre la mesa, que por cierto, ya esta lista. Supongo que la habrá preparado antes de sentarse en el sofá a leer.

— ¡Por fin! ¡La cena! -sale corriendo a coger asiento Maria.

— Gracias por escucharme -soy irónico. Nadie me hace caso en la casa.

— Venga, Andrés, no te enfades y ven a comer este puré de... ¿De qué es? -le pregunta Maria a la cocinera.

— De nabos.

— Uy, nabos... Qué bien. Con lo que a mí me gustan -sonríe la rubia, pícara.

Maria no tiene remedio...

Nos sentamos a cenar, a disfrutar de la comida que, por cierto, ¡está deliciosa! Verónica es una gran cocinera. Tiene un don.

— Oye, está muy rico el puré, eh -digo al tragar la tercera cucharada.

— Es cierto. Me gusta -dice también Maria.

— Gracias, chicos. No esperaba menos. Me he pasado toda la tarde meneando nabos para lograr una buena crema.

Al escuchar aquello, Maria me mira con cara susto. Verony ni se inmuta. Creo que no es consciente de lo mal que ha sonado eso...

— ¿Qué pasa? -pregunta al ver que nos estamos riendo con disimulo.

— Nada, nada... -Quiero cambiar de tema-: ¿Algo interesante en el día de hoy?

— No, nada nuevo -responde Verónica.

— No, nada de nada. ¿Y tú? -me pregunta Maria.

— Yo... -Me lo pienso y, creo que sí que tengo algo que contar, algo que me resulta interesante, aunque no sé el porqué.

— ¿Tú... ? -insiste Verony.

Yo me mantengo unos segundos callado, pensativo. No sé si hablar de lo sucedido en el ascensor, o pasar de ello. Al fin y al cabo, ¿para qué voy a contar que he subido con una vecina que ha pasado totalmente de mí? No tiene sentido. Me deja en mal lugar y, no es interesante... ¿no?

— Andrés, ¿qué pasa? -se impacienta Maria.

— Nada... eh... -Finalmente, decido desviar la conversación-: ¿Queréis ver el programa de entrevistas que echan en el canal local? -propongo-. Hoy tendrán de invitado a un genio de la tecno...

— No queremos -me responden, tal y como me había imaginado.

— Peor para vosotras -digo y me encojo de hombros.

— Yo quiero ver... -comienza Maria.

— Y yo quiero... -se mete Verony.

Y de pronto, me arrepiento de haber sacado el tema de la televisión tan rápido. Aún no estoy preparado para la (ya habitual) guerra, una guerra que sé que ya no puedo parar.

¿Quién logrará reinar sobre el sofá? ¿Quién ganará la batalla?



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¿¿Os ha gustado el capítulo??

#69spc

Muchos y muchas me preguntáis qué día suelo actualizar... Pues bien, tendréis un nuevo capítulo todos los domingos, y si tengo tiempo, subiré alguna que otra sorpresa durante la semana ;)

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