—Esto... esto no ha pasado. Lo siento—segundos después, estaba saliendo por la puerta, dejándome entre enfadada y confundida. ¿Qué narices acababa de pasar? Sus cambios de humor acabarían conmigo.

Había descubierto que el primer beso que nos dimos, había sido real, y que no lo recordaba porque pensaba que había sido un sueño. Pero, ¿este? Algo se había apoderado de Dean haciéndole cometer estupideces, porque no había otra explicación coherente para lo que acababa de pasar.

Me había besado. Y esta vez, no estaba borracho. O al menos esa fue mi primera impresión, aunque, ahora mismo, tenía serias dudas.

Esto no puede estar pasándome a mí.

Pero no iba a quedarme en mi cama, lamentándome. Me levanté y me fui hasta la habitación de Dean, y entré sin llamar ni esperar a que me contestara. Sabía que estaba allí porque había escuchado como cerraba la puerta de un portazo.

Como si la culpable fuera yo.

Se quedó mirándome desde su cama. Se había tumbado y estaba con las piernas estiradas seguramente compadeciéndose de sí mismo. No le di la oportunidad de hablar.

— ¿Pero a ti que te pasa?—pregunté mientras me acercaba.

—Nell...

—Ni Nell, ni hostias, Dean—ahora estaba más que cabreada—no puedes besarme cuando te dé la gana y después hacer como que no ha pasado, ¿sabes? —Apretó la mandíbula pero no dijo ni una palabra— ¿no vas a decir nada?

—No tengo nada que decir. ¿Qué quieres que diga? ¿Qué lo siento? Vale, Nell. Lo siento. ¿Contenta? No sé qué se me ha pasado por la cabeza para hacer algo así. Tú no me gustas, y yo no te gusto. Así que, haremos como que no ha pasado nada, ¿vale?

—De acuerdo—dije sin mucha fuerzas. Todo aquel asunto me estaba dejando agotada—esto no ha pasado.

Y acto seguido me fui de allí. No soportaba estar en la misma habitación que él.

Estúpido Dean. Era lo que llevaba diciendo mentalmente toda la tarde. No entendía sus múltiples personalidades y algo me decía que nunca lo haría. Por mi sentido común, debía alejarme todo lo que pudiera de él. De una vez por todas.

No era sano.

Un día me volvería loca y tendrían que internarme en algún sitio, no podría recibir visitas, y me moriría de aburrimiento, entonces... ¿veis? Me hacía desvariar. No quería volver a escuchar su nombre, ni nada que tuviera que ver con él. Algo que por cierto, iba a ser complicado porque vivíamos en la misma casa. ¿Cuántas posibilidades había de que decidiera marcharse de casa? Supuse que las mismas que había de que me fuera yo.

Ninguna.

Pero... el año que viene él iría a la universidad. Por lo tanto, tendría que mudarse.

Esperaba que lo aceptaran en la universidad de Alaska.

Resoplé mientras me llevaba la almohada a la cabeza. Apreté fuerte y grité. Sí, era lo más maduro que se me ocurría en esos momentos. Después de que Dean no bajara a cenar mi cabreo aumentó por momentos.

Me prometí a mí misma que no volvería a pensar en él, pero ahí estaba, buscando mil formas distintas de deshacerme de él sin levantar sospechas.

No sé en qué momento me quedé dormida, pero lo que sí sé, es que no me dejó en paz ni en sueños.

Estúpido, Dean.

La semana pasó rápida para mi sorpresa. Lo que también me sorprendió es que casi no vi a Dean en todos los días que transcurrieron después del incidente.

Algo increíble si tenemos en cuenta de que vivimos en la misma casa. Pero a diferencia de lo que podéis estar pensando, no supuso nada para mí. Era un alivio no tener que verle cada dos segundos.

Ni él me esperaba para ir a clase ni yo lo hacía para volver a casa.

Digamos que habíamos hecho un pacto silencioso de no volver a cruzarnos nunca más a no ser que fuera algo de vida o muerte.

Cuando llegué a casa, me sorprendí al ver que tanto mi madre como Max ya estaban allí. Miré el reloj algo asustada. ¿Tal vez me había abducido un agujero negro y había estado perdida en el espacio tiempo durante horas sin saberlo?

Pero no, no era tan tarde.

¿Entonces? Me acerqué sigilosamente hasta la cocina, ya que distinguí a dos personas allí dentro. Y esperaba de todo corazón que fuera mi madre y Max.

—Algo les pasa, Max—escuché que decía mi madre—llevan días evitándose. Pensaba que eso ya se les había pasado... —tragué con fuerza. Estaban hablando de nosotros. De Dean y de mí.

—Kat...—dijo Max en un suspiro—a los chicos se les pasará. Ya sabes, son cosas de jóvenes—ojalá solo fuera eso.

—No lo sé—mi madre no parecía muy convencida—parece algo serio. No pueden estar ni en la misma habitación durante cinco segundos seguidos. Dean ya no baja a cenar.

—Está con los exámenes....

—Max, sabes de sobra que no es eso lo que hace que tu hijo no baje a cenar con nosotros. Es otra cosa, pero no sé qué es todavía.

—Ya verás cómo en cuestión de días se les pasa—puse los ojos en blanco. La fe de Max en nosotros era admirable.

—Eso espero, Max—la voz de mi madre sonaba triste. Y por un segundo, esa tristeza también la sentí yo.

***

¡Hola a todos! lo prometido es deuda, y aquí estoy con un nuevo capítulo de esta historia. Siento tardar tanto en subir nuevas entradas, pero es que la vida no me da para más.

También informo que hoy subiré el primer capítulo de One Of Us, la nueva historia que formará parte de la sere One. Tranquilos, no dejaré de actualizar esta, tengo ya bastantes capítulos terminados y espero poder ponerme de nuevo en estos días.

Espero que os guste el capítulo  ;)

Un beso ♥

Ever. 

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