Capítulo 20.1-Tentaciones

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 El mal humor iba in crescendo a la par del aburrimiento. Solo. Esa era la palabra que mejor lo definía en ese carruaje en el que estaría encerrado por más de cuatro horas seguidas hasta acercarse, meramente, a Paris. 

Georgiana, a la media hora de compartir vehículo con él, había empezado a lamentarse por no poder estar con los dos huérfanos. " Pobres niños, me gustaría poder conocer sus nombres, la niña está mojada, tendrán hambre, tendrán sueño, sentirán dolor..." hasta que no pudo soportarlo más y mandó detener la marcha antes de adentrarse en los caminos. 

Todo había resultado una perdida de tiempo: comprar ropa para la niña para que no tuviera frío, comprar un trajecito para el niño para que no se sintiera descuidado, comprar comida, revisarlos por si padecían de alguna enfermedad... No salieron de Caen hasta pasada la tarde y se les haría de noche justo en el momento de empezar el viaje. Vincent, su escolta fiel, se había quedado cerca de las mujeres por si ocurría cualquier incidente, mientras que él se había quedado más abandonado que un perro con sarna. 

No nos equivoquemos, Thomas no estaba para nada en contra de ayudar al prójimo, pero no era tan solidario como para cargar a dos mocosos durante todo un viaje y menos si estos le restaban atención de su esposa, justo en ese momento que empezaba a recuperarla. Todo fuera por la causa, todo fuera por ella. Mejor sería dormir o al menos intentarlo.

-Se han quedado dormidos- musitó Gigi a Clarissa, observando a los hermanos recostados en el asiento delantero. 

-Sí, a saber por qué penalidades habrán pasado...- negó con la cabeza sintiendo verdadera lástima por ambos - ha hecho una gran labor Señora, no todas las damas hubieran actuado así, muchas los consideran portadores de enfermedades y temen morirse con solo mirarlos. 

- Que estupidez...por cierto Clarissa...¿ sabe de algún remedio para...? Ya sabe- señaló su vientre.

-Oh ¿para quedarse en cinta? 

-Sí, eso- sonrió ante el poco tacto de la doncella. 

-Sé de algunos mejunjes que mi madre me enseñó pero para eso Señora, permítame que se lo diga, no hay nada mejor que... ya sabe... todas las veces que puedan. 

-¡Clarissa!- se sonrojó Georgiana sin dejar salir el carmesí a través de su piel mas llevándose una mano por delante de los labios, horrorizada. 

-Señora, señora... esa es la gran diferencia entre ustedes y nosotros los pobres...¡es algo natural! Verá, no me mal interprete, yo soy una doncella en todos los sentidos... sin embargo, tengo grandes amigas que me lo han contado todo...

-¿Contado? ¿Qué hay que saber?

-Déjeme que se lo explique, por favor, quizás le sirva...para ya sabe...- y a voz baja y controlando que los niños durmieran a cada segundo, Clarissa relató demasiado detalladamente algunos aspectos del lecho que Gigi jamás había escuchado y que con solo oírlos se sentía avergonzada.  

******

Los golpecitos en la puertecilla alertaron a ambas mujeres de que habían llegado al hostal en el que descansarían. 

-Gigi, sal- se escuchó la voz de contrabajo de Thomas, la cual y sin saber por qué , encendió todos los rincones de esa joven que había aprendido más sobre asuntos de cama en una horas, que en toda su vida. 

-Sí, Thomas, no hace falta que grites- fingió refunfuñar dejando que Clarissa abriera la puerta - vamos, Emma, despierta - removió con cariño a la pequeña que lucía una cabellera tan roja como la de la dama que la estaba amparando.

-Señora Peyton...- se refregó los ojitos tratando de orientarse. 

-Vamos Geremy, tú también- lo cogió en volandas Clarissa para cargarlo hasta el interior mientras Gigi hacia lo propio con Emma. 

-Dámela- se ofreció Thomas al ver a su esposa cargando con esa niña.

Al entrar en el hospedaje, fue mejor de lo que Gigi pensó. No había mujeres de mala vida- o al menos no se veían- y se podía sentir un ambiente hogareño y afable. 

-¿Cuántas habitaciones querrán?

-Que sean tres- ordenó pensando en ellos, los niños y Vincent.

-Claro, Señor...síganme- instó el posadero y así lo hicieron- esta puede servir para el caballero- mostró una sencilla habitación de una cama para Vincent, el cual accedió mas no se adentró en ella ya que debía seguir a su Señor - y esta para sus hijos y la doncella - señaló otra con varias camas con una hoguera en un rincón...

¿Hijos? Ambos se miraron como si fueran dos desconocidos, jamás lo habían pensado ni hablado - aunque era evidente que así tenía que ser- , Thomas iba a aclarar el asunto pero lo vio innecesario. 

-Puedes retirarte Vincent- finalmente dispuso Thomas en cuanto llegaron a una recámara de matrimonio bastante reconfortante.

-Thomas... inició Gigi haciendo deslizar el vestido de muselina blanca que llevaba hasta hacerlo llegar al suelo -¿quieres ser padre?

-¿Y quién no?- le quitó hierro al asunto desabrochándose el botón de la camisa sin perder detalle de esos nuevos movimientos que su esposa estaba realizando.

-Me preocupa...

-No hay nada de lo que preocuparse, todo es cuestión de tiempo.

-Y de intentarlo- sonó más tentadora de lo que habría deseado, armándose de valor para acercarse a su esposo y despojarlo de la camisa....




Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!