Recuerdo aquel día como si fuera ayer. Aquel fatídico día en el que descubrí la muerte de mi mamá y mi papá en altamar.

Con solo 12 años, me había quedado huérfano. Sin mis modelos a seguir, sin mis tan preciados padres.

Quién diría, ¿no? Ellos eran unos simples marineros. Lo que menos merecían era ese final tan trágico. Despojados de sus vidas y asesinados a sangre fría por unos indignos piratas.

¡Piratas! ¿Acaso retrocedió el tiempo y yo no me di cuenta?

No hay un día de mi vida aquí en Liverpool en el que no piense en ellos. Siempre intento encontrar la forma de recordarlos de la mejor manera posible, y es por eso que decidí seguir su camino y convertirme en marinero. Aún estoy esperando ese viaje emocionante que cambie por completo la monotonía de mi vida, y cada vez siento que falta menos. Quizás la hora está por llegar.

Revisé mi celular en busca de algún mensaje. Efectivamente, mi mejor amigo y compañero de vida me escribió: Morris.

Es casi una rutina. Todas las mañanas nos enviamos un texto alentador para comenzar el día.

 Todas las mañanas nos enviamos un texto alentador para comenzar el día

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Morris tiene razón. A dejar de rememorar viejas épocas y levantarse de la cama.

Puedo sentirlo, ¡hoy será un gran día!

La monotonía está por llegar a su fin, y las aventuras están a la vuelta de la esquina.

Solo tengo que mantenerme de pie para encontrarlas...

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