Epílogo

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— ¿Estás cansada? — Stefan pregunta, ayudándome a subir el primer tramo de escaleras.

— Un poco — declaro, colocando mi mano sobre mi estómago de siete meses.

Después de mi cita con el medico — cita en donde me informó que todo estaba bien con mi bebé — Stefan me acompañó a la casa que Chase compró para él, su hijo y para mí.

Stefan ha sido un gran apoyo en estos momentos tan difíciles de mi vida, saber que seré mamá adolescente, y que cuidaré y educaré a éste bebé sola, me acusa un poco de miedo; pero Stefan me da cierta tranquilidad.

El funeral de Chase fue uno de los eventos más tristes a los que asistí. Fueron muchas personas — la gran mayoría amigos de los Lachowshi — entre esas personas estuvo Belinda, Hayden, Celeste, Malik y Myles — los chicos que Chase me presentó el día de nuestra boda —. La presencia de la bruja Celeste me molestó, de cierta forma la considero una traidora, ¡ella le informó a Seam que iba a quedar embarazada!, y, cuando traté de sacarla, Wendy me lo impidió de forma rotunda.

El ambiente era melancólico, y yo no podía parar de llorar. Darle el último adiós a una persona que amas con toda el alma es difícil, se siente como si te arrancaran el corazón sin ningún tipo de anestesia. Mamá canceló su largo viaje para acompañarme en ese momento tal difícil de mi vida. Mateo estaba destrozado… jamás lo había visto tan vulnerable y, de todos nosotros, Wendy fue la más fuerte. Pero me atrevería apostar que Stefan no soportaba estar un segundo más ahí; de cierta forma, sabía que estaba siendo fuerte por mí, pero no era ajena a las lágrimas que se le escapaban, lágrimas que él limpiaba rápidamente.   

— ¿Te acompaño a la habitación? — Stefan inquiere a lo que yo asiento.

Mis pies están hinchados y duelen un montón. Con ayuda de Stefan, subo las escaleras y empezamos a caminar por el largo pasillo. Mientras caminamos, me detengo en la puerta que da a la habitación de mi futuro bebé. Estiro mi mano hacia el pomo y luego la cierro al notar que está entreabierta. Después de eso, caminamos hacia la habitación principal y, cuando la abro, el calor me invade. Hacía ya varios meses — después de la muerte de Chase — que Hayden quitó el hechizo que hacia que la habitación tuviera un frío insoportable.

Con cuidado y lentitud, Stefan me ayuda a tomar asiento sobre la cama y yo, agotada, estiro las piernas sobre el colchón; Stefan no tarda en quitarme los zapatos y yo le regalo una sonrisa de agradecimiento. Estiro los dedos de mis pies al sentirlos liberados.

Suelto un entrecortado suspiro y agarro las enciclopedias que Chase guardaba en uno de sus cajones. Trato de deshacerme del nudo inmenso que se forma en mi garganta, pero es imposible. Con cada segundo que pasa, se vuelve más grande y asfixiante.

— Trata de descansar. — Exige, con voz dura.

— Bien.

— Yo estaré abajo cocinando algo para el almuerzo.

— Intentando — lo corrijo, con una pequeña sonrisa en los labios.

Stefan me mira y me devuelve la sonrisa, sin embargo, no toca su mirada triste. Desde la muerte de Chase, él no ha sido el mismo.

— Intentando — se corrige.

Suelto un suspiro.

— Sabes que hay algo que aun no entiendo — digo, mordiendo mi labio con nervios —. Se supone que el Yeti es fuerte y considerada un arma mortal… ¿entonces cómo pudo pasar?

Stefan suelta un pesado suspiro y lo veo negar con la cabeza.

— No lo sé — se encoje de hombros —, solo sé que me hace mucha falta — sus ojos azules se llenan de lágrimas de forma rápida, pero no derrama ninguna.

— A mí también — confieso, estirando mi mano para limpiar la primera lágrima que cae por su mejilla.

Stefan me mira por un largo segundo y, después de una sonrisa melancólica, sale de la habitación, dejando la puerta entre abierta. Suelto un suspiro entrecortado y busco mi teléfono en los bolsillos de mi pantalón deportivo para luego desbloquearlo. Durante todo este tiempo, he tenido un mensaje de voz pendiente, pero no he querido abrirlo, estoy tan acabada que no quiero saber nada de nadie; sin embargo, el bebé en mi vientre me da un poco de motivación.

Llevo el teléfono a mi oreja y espero que el mensaje de voz empiece.

— Giselle, amor, soy Chase — una sonrisa melancólica se desliza por mis labios al escuchar su voz después de tanto tiempo —. Cariño, se me hizo un poco tarde, pero ya voy saliendo a casa de Liam para buscarte, espérame que en cualquier momento atravieso esa puerta. Te amo.

Y entonces una voz mecánica me anuncia que ha terminado el mensaje.

Trago con fuerza y limpio la lágrima que se desliza por mi mejilla. Mi mirada cae en la puerta entreabierta y suspiro.

— Llega — suplico, colocando el teléfono en mi mesita de noche —. Aquí estoy, te estoy esperando — hablo como si pudiera escucharme, como si estuviera aquí todavía y como si en cualquier momento pudiera atravesar esa puerta y pudiera besarme. — Pero no lo harás — sollozo —, ya nunca llegarás... nunca volverás... no importa cuanto tiempo te espere. Pero también te amo.

Tal vez Chase y yo no tuvimos un infinito como Augustus y Hazel, tampoco tuvimos una eternidad como Bella y Edward, pero sí tuvimos una pequeña y hermosa historia de amor, y eso lo es todo para mí. Esta no fue una historia de vampiros, ni de hombres lobos, mucho menos de demonios... esta fue una historia sobre un chico Yeti y sobre una adolescente que se enamoró irracionalmente de él. Puede que no fuera tan increíble como la historia de Augustus y puede que no hubiera sido tan apasionado como el amor de Jack y Rose, pero fue perfecto para mí; fue el amor de Chase y Giselle... y fue el más extraordinario que alguna vez viví.

Pensé que ir a vivir con mi padre iba a ser la peor cosa que me hubiera paso en la vida, pero me equivoqué, ir a Hemsworth fue una de las mejores cosas que me pudo haber pasado porque gracias a eso ahora tengo en mi vientre un hermoso ser humano, ahora tengo en mi vientre una parte del chico que me enseñó lo que era amar. Gracias a mi viaje a Hemsworth conocí a Chase Lachowshi, un ser increíble. No tengo palabra alguna para describir lo mucho que amé a mi adorable hombre de las nieves y no cambiaría lo que tuvimos por nada del mundo.

Puede que ya no esté físicamente, pero él siempre estará en mis recuerdos y vivirá siempre en mi corazón. Y sé que esto no es el final, sé que la muerte no detiene lo que siento por él, sé que pronto estaremos juntos y eso me consuela. Mientras tanto, lo nuestro será un amor pausado y un amor para recordar.

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