Capítulo 18: Cosas de hermanos.

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Se encontraba justo detrás del escenario comiéndose las uñas de los nervios de llegar a ser descubiertos por los jueces. Pensaba que tal vez ya tendría su voz para entonces y ya habría problema, además de que nadie le dijo que habrían más expectadores que los mismos jueces.

—Hey, ¿Estás bien? —cuestionó Raymond igual o más preocupado que él porque el plan saliese mal; negó con la cabeza como respuesta—No te preocupes, todo saldrá bien la grabación es de tu propia voz, los efectos de playback son muy buenos y somos los últimos así qué dudo que alguien se llegue a dar cuenta. —lo intentaba tranquilizar pese a que él mismo se sentía inseguro al respecto.

Faltaban un par de bandas más para que fuera su turno y hasta el momento habían personas muy talentosas, no pudo evitar sentirse intimidado por el talento que desbordaban todos.

Su teléfono comenzó a sonar y a vibrar, se lo dio a Raymond para que contestara por él.

— ¿Hola? ¡Oh, hola, Mary!... Sí Andy está aquí... Sigue sin poder hablar y estamos en medio de algo muy importante. —quedó callado durante unos segundos y después le pasó el teléfono.

Andy, sea lo que sea que estés por hacer no lo hagas. No puedes hablar y solo te pondrás en vergüenza frente a toda esa gente. —el tono de su madre era estricto y autoritario, le decía sus verdades con una voz tan honesta que logró sentir la picazón de las lágrimas en los bordes de sus ojos—Estoy en- 

Colgó inmediatamente pues ya estaba harto de tener que escuchar la voz de su madre. El aparato volvió a vibrar entre sus manos y rechazó la llamada a sabiendas de que seria ella de nuevo. Sus manos empezaban a sudar pese a que las puntas de sus dedos estaban fríos. Le regresó el teléfono a Raymond pero en ese momento este volvió a sonar, su amigo contestó con gesto incomodo por pensar que tal vez fuera su madre de nuevo pero este enarcó un ceja y un tanto dudoso le pasó el aparato para que escuchara.

¡Andy! Soy yo, Carter, ¿Estás bien? —la voz de aquel rubio hizo que se sorprendiera pues no esperaba escucharlo tan pronto—Soy un idiota, no puedes hablar, lo olvidé. Escucha, sé que ahora estás a punto de cantar y no estoy seguro de como lo harás pero sé que conseguirás llegar a la final, siento mucho no estar ahí para apoyarte pero no me darán el alta médica hasta dentro de unos días ¡No te desanimes! Sé que lo lograrás.

Colgó antes de escuchar más palabras alentadoras que no hacían más que hacer que su corazón saltara de emoción con cada frase dicha. Sacudió la cabeza en busca de alejar pensamientos poco necesarios en su situación e intentó concentrarse en no arruinar el playback. El brusco cambio de motivaciones le mareaba y no ayudaba en absoluto con sus nervios.

La penúltima banda iba a la mitad de la canción cuando de repente un fuerte y brusco escalofrío lo recorrió desde la coronilla pasando por su columna vertebral hasta llegar a la punta de sus pies. Era extraño, nunca se sintió tan alerta como en ese momento, tan sensible; como si estuviera en celo pero no se sentía excitado para nada, era todo lo contrario. 

Estaba listo para un ataque y no sabía porqué, su olfato detectaba, distinguía y separaba todos y cada uno de los aromas más cercanos a él, estaba buscando a alguien; escuchaba las conversaciones de los espectadores. Una oleada de adrenalina lo envolvió por completo.

— ¡Andy, reacciona! ¡Es nuestro turno! 

Austin lo hizo volver a la realidad y lo empujó al escenario donde todo estaba a oscuras y solo se distinguían las tenues luces de colores fluorescentes sobre la mesa de los jueces y una que otra en el cuello o en las manos de otras personas. La presentadora hablaba animada desde alguna cabina de audio alejada de todo el bullicio. Todo pasaba con relativa lentitud para él y unas ganas bestiales de cantar le entraron de repente, así que, importándole poco si la presentadora había acabado de hablar...

Un Amor Que No Quiere Ser¡Lee esta historia GRATIS!