Prólogo

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INVIERNO, 2027


La nieve siempre me pone a soñar despierta.


Durante el transcurso de un instante, Lucas Morel creyó escuchar la voz de Brenda desde el silencio apacible que engullía la ciudad. Pero él estaba solo. Solo y frío bajo una noche sin estrellas. Observaba, como el espectador dentro de un sueño, los letárgicos copos de nieve que caían en el parque.

Todo parecía envuelto por una sobrecogedora nostalgia.

Alzó una mano y se quitó el guante para sentir la nieve. Sus dedos azules parecían celestes. A Lucas le gustaba su color. Pero incluso ahora, con veinticinco años y menos complejos encima, habría deseado ser amarillo.

"El amarillo no se ve tan bien en la nieve", pensó, recordando nuevamente a su amiga. Brenda sonreiría con sarcasmo. Ella siempre sonreía con sarcasmo, incluso cuando no había motivos para hacerlo. Y ahora que estaba muerta, esa sonrisa era más nítida que nunca en el escenario de sus recuerdos.

Alzó la cabeza cuando escuchó pisadas en la nieve a sus espaldas.

—Perdiste el tren —dijo Félix. Su voz era suave, confortable, pero captó un ligero temblor en la última sílaba. Nada podría haberlo conmovido más en esos momentos, pero no se atrevía a decirlo. 

Aún era un cobarde.

Se miraron. Dos siluetas solitarias en medio del parque de pinos donde años atrás vivieron tiempos más felices. Los ojos de Lucas tenían el color de la bruma; los de Félix eran como el fuego.

—Es que no sé qué hacer.

—Lucas...

—Estoy en blanco, Félix. En blanco y frío...

"...como esta nieve".

El rostro amarillo de Félix se ensombreció por la tristeza.

—No pasa nada.

—¡Claro que pasa! —Lucas acortó las distancias entre los dos, agarrándolo por los hombros. Se aferró a Félix como si de pronto él fuera lo único sólido allí—. Pasa todo. Pasa que no sé qué mierda quiero hacer. ¡Y estoy tan harto de ser así!

—Nunca fuiste bueno tomando decisiones.

—Porque nunca puedo ser fiel a mis decisiones. No como tú... o Leo. Nunca puedo, nunca —Su voz se transformó en un susurro quebrado—. ¿Por qué no puedo?

Félix sacudió la cabeza, contorsionando las comisuras de sus labios con pesar

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Félix sacudió la cabeza, contorsionando las comisuras de sus labios con pesar. Sujetó los hombros de Lucas para sostener su mirada tormentosa. Una ráfaga de viento invernal revolvió sus cabellos; el gorro de lana de Félix voló algunos metros, rodando por la nieve.

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