Capítulo once: Nimiedades

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Cuando persigues la libertad como un loco, lo primero que haces al alcanzarla, es descansar. Después, disfrutas tu libertad.

Por dos días seguidos no hice más que dormir, lo mismo que la mayoría del equipo. René, Leah y Will nos cubrieron. Los detalles que tuvimos que arreglar fueron mínimos, casi pequeñeces insignificantes que no importaban.

Arata no estaba feliz de que saliéramos de su poder, pero acordó no tomar represalias o, dicho de otra forma, no tuvo otra opción. Perdimos una de nuestras empresas transportadoras, pero no significaba nada. Apenas era un pequeñísimo pago de unos 5 millones de dólares. Nada grande en realidad.

Sin embargo, al salir del control de Arata y los agentes, las ganancias eran nuestras. Y el equipo disfrutaba de eso; Michael y Will ya no tenían que montar guardia en las barracas —el peor sitio de este lugar—; Sofia y Leah ya no tenían que espiar los movimientos de las pandillas para cuidar los cargamentos. Prácticamente, éramos libres en el infierno.

Por consiguiente, lo primero que hicimos cuando estuvimos descansados fue celebrar. En realidad, hicimos algo pequeño en el mismo edificio en el que siempre hemos convivido.

—¡Por Rebeca! —Will levantó su copa.

—¡Y por el jefe! —Sofia completó el brindis.

Brindamos y conversamos como nunca antes, era la primera vez que estábamos saboreando la victoria.

—¡Jefe! —el tono grave en la voz de Michael se escuchó por toda la sala—, aún no hemos acabado. Lo seguiré hasta que caigan esos bastardos de Trickstar.

—¿Trickstar? —contesté.

—René nos contó.

—Conque René les dijo... —René pasó su trago de golpe—, pues qué le vamos a hacer. No descansaré hasta que esos bastardos caigan —levanté mi copa y seguí su juego.

—¿Por qué nunca nos dijiste? —La voz jovial de Sofia sonó desde la orilla de la mesa.

—Es un trabajo personal —mencioné—, no quería involucrarlos en mis propios negocios.

—¿Propios negocios? —respondió Will—, si alguien se mete con nuestro jefe, se mete con todo el equipo.

—Si alguien se mete con nuestro jefe —continuó Michael—, está acabado. Todos te tienen miedo, Bradley; en las calles se está hablando de que retaste a D' Alban y saliste con vida. Nadie se quiere acercar a nosotros.

—¡Por nuestro jefe! —Sofia volvió a hacer un brindis.

—¿Cuál fue el acuerdo? —preguntó Joanne—, no nos dijiste nada. Como de costumbre, jugaste a ser el misterioso, y las cosas cambiaron completamente.

—Fue un simple trato del que no les puedo hablar —mencioné.

—¿¡Un simple trato?! —Michael empezaba a alegrarse mucho por el alcohol—, nadie quiere interponerse en nuestro camino. Los mercenarios que contratamos quieren unirse. Y hasta los hombres de Arata tenían miedo de hablar con nosotros. ¿¡Qué rayos hiciste para lograrlo?!

—Escucharon toda nuestra conversación.

—No es cierto, tú tapaste el auricular al último. No logramos oír el gran final —mencionó Sofia.

—Al final, nos dimos un apretón de manos y jugamos ajedrez. No fue nada del otro mundo, les dije que D' Alban me quería. Simplemente tuve que negociar bien.

—Deberías dar clases —Joanne bromeó.

—Lo dejaré para mi retiro —aseguré—, pero... debemos elegir el orden de salida. Sugiero que salgan los que llevan más tiempo sin ver el mundo, Sofia, Michael y Will. También René, ya ha pasado mucho tiempo alejada de su hijo.

—Bradley —Will se levantó de su asiento—, agradezco que me tomes en consideración. Pero no podría irme hasta que acabemos con todo.

—También yo —respondió Michael.

—No tengo muchos lugares a dónde ir, jefe —Sofia contestó—, pero estoy de acuerdo en que René tiene que salir.

—Solamente serían unos días, regresaré rápido. No pienso descansar hasta que esos dos bastados de K y J paguen por todo lo que hicieron.

Miré a todos ellos con gran incredulidad, habían trabajado muchísimo para salir, y cuando alcanzaron su libertad no querían irse.

—Vaya —contesté—, no puedo creer lo que estoy escuchando. ¿En serio no quieren irse?

—Jefe —Sofia me miró de manera desafiante—, o salimos todos o no sale nadie.

—Y todos lo haremos... a su debido tiempo...

—Tampoco te dejaremos solo, Bradley —Joanne interrumpió—. Revisé un poco la información de esa compañía... Trickstar. Si todos nos unimos no será difícil acabar con ellos.

—¿René? —pregunté.

—¿¡Qué?! No les dije nada más, ellos indagaron por su propia cuenta.

—Siempre los has buscado, Bradley —Joanne contestó—, casi era obvio. No son grandes rivales para todos nosotros juntos. Pero ¿por qué estás detrás de ellos?

—Supongo que tendré que decirles. Hace 20 años robaron la investigación de mi padre y me encarcelaron. No quiero entrar en detalles, pero me quitaron todo... en cierta forma, así fue cómo terminé aquí....

—Buscas justicia... —Joanne interrumpió.

—No, quiero venganza.

—¡Jefe! —Michael respondió—, con nuestros recursos actuales podemos acabar con ellos en menos de un mes. Pídelo y lo haremos, Bradley.

—Es más difícil que eso —mencioné—, creí que mi prometida murió. Pero la esposa del dueño de la compañía, Céline, es su viva imagen.

—¡¿Y crees que es ella?! —Sofia preguntó.

—No lo sé, pero quiero saber la verdad antes de acabarlos. También quiero recuperar el cuerpo de mi padre.

—Te ayudaremos. —Will se levantó de la mesa.

—Todos lo haremos —Joanne siguió a Will. Los demás miembros se fueron levantando poco a poco.

—Y será pronto —aseguróRené—, los clientes están molestos porque aplacé la reunión. Reabriré el clubeste viernes, veremos qué es capaz de hacer Céline en dos días.     

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