Mississippi Queen (parte 4)

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Las personas tienen lo que yo llamo cicatrices en la conciencia. No importa quién seas, ni tu estatus, ni tu dinero, ni siquiera la educación que tengas. Esas marcas del comportamiento te siguen hasta cuando duermes. Definen lo que eres, lo que quieres ser y donde has estado.

Debes ser muy observador para notarlas, yo pasé 10 años en la oscuridad para entenderlas. Literalmente pasé 10 años en completa oscuridad.

Y como todos tienen estas marcas, lo importante no es ocultarlas, sino entenderlas y ocuparlas a tu favor. Durante muchos años dejé que esos errores que cometí en el pasado me definieran. Así fue cómo terminé en esta isla, y todos los que me conocieron al comienzo me definieron por esos actos.

Me tomó más tiempo comprender esos errores. Pero cuando al fin lo logré, entendí que podía ocuparlos a mi favor. El anonimato, la venganza, la ira y el dolor son las cicatrices que cargo en la conciencia.

Por eso D' Alban no sabría cómo lo golpearía. Lógicamente que no puedo oponerme a él. Incluso es estúpido pensarlo, pero en la mente de un hombre que toda su vida ha tratado con lo peor, lo más probable es que —en medio de la ira— el cerebro sea tan estúpido como para arriesgarse a un plan kamikaze.

Le hice creer que me presionó lo suficiente para volverme loco. Me comporté como un animal furioso, como uno acorralado que se niega a morir; el peor de todos. Y, cuando mi actuación fue convincente, lo ataqué de manera personal.

Él no podía permitir que cualquiera se pusiera en su contra, perdería todo el respeto en las calles si se sabía. Por eso es que estaba seguro de que buscaría atacarme. Obviamente, su capricho de hacerme trabajar para él no se le pasaría con facilidad. Por algo quería que estuviera en sus filas.

Y aunque sabía que tarde o temprano tendría que aceptar, debía acorralarlo para poder poner mis demandas. Como decían los guardias de mi celda: «Los amos no piden la opinión de sus esclavos». Por eso tenía que hacerle ver a D' Alban que es peligroso ser mi captor.

Fue arriesgado todo lo que hice, pero si acertaba conseguiría un pase de salida para el equipo.

Durante la tarde de aquel día, seguimos la señal del rastreador que coloqué en el reloj que le di a D' Alban. Ese tipo es un frío y calculador; es tan inteligente que nadie sabe dónde está su escondite.

Tuve que presionar, incluso podría decirse que fanfarroneé, pero tuve que hacerle creer que estaba dispuesto a iniciar una guerra. Tenía que acorralarlo en el lugar más seguro que él tenía, de esa forma sabría a qué se atenía conmigo.

Pese a todos los esfuerzos, si no completaba esa encomienda, estaríamos acabados. Era mucho lo que estaba apostando, pero lo más probable es que John fuera al lugar más seguro que tiene para abastecerse de armas e iniciar el ataque.

Por eso fue que lo hice personal, para que no enviara a nadie más. Él tenía que encargarse con sus propias manos.

El momento crucial llegó en la noche, eran las 11 cuando el rastreador dejó de moverse y se quedó en un punto. El «White Bunny», un bar al inicio de la isla.

—¿El White Bunny? —le pregunté a Sofia cuando me indicó el lugar.

—Así es jefe, lleva ahí más de una hora.

—Quizás pasó por un trago, es común verlo en esos lugares.

—No, jefe; de acuerdo a inteligencia, D' Alban es un asiduo cliente. Se la ha visto entrar en varias ocasiones, y no salir hasta al otro día.

—¿Qué hay ahí? Aparte de estar en territorio neutro, ¿qué hay?

—Nada interesante, el bar es propiedad de una mujer afroamericana. Su información está eliminada de los registros, así que debe tener un acuerdo con alguno de los 4.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!