39. Fashion Emergency

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Alex

—¡Lo siento, Alex, pero no puedo permitir que te pongas eso!  —me dijo Paula quitando de mis manos las prendas que había escogido y tirándolas (sin ninguna consideración por las vendedoras) encima de otra ropa que estaba en exposición—. Si quieres conquistar a Solae, no puedes ir vestido con cualquier cosa.

—¡No son cualquier cosa! ¡Y deja de decir que hago esto por Solae! —reclamé mientras intentaba recuperar una de las camisetas que me habían gustado, pero Paula me bloqueó el paso.

—Si aceptaste que te ayudara, debes confiar en mí. —dijo mirándome enojada, con ambas manos sobre su cintura—. ¿O es que ya no te gusta el corte de cabello que te escogí?

Con Paula habíamos tenido una discusión similar un poco antes, en la peluquería, cuando intentó convencerme de escoger entre varios cortes de ídolos pop como referencia para la estilista. Fui afortunado de que la chica escuchara mis súplicas y lograra una interpretación no tan literal y más sobria del estilo elegido. El resultado nos dejó satisfechos a todos, lo que mi hermana tomó como evidencia de que tenía que dejar las decisiones estilísticas en sus manos.

Suspiré con resignación y Paula sonrió, guiándome con entusiasmo hacia otro sector de la tienda.

Allí me tuvo un rato de pie, mientras comenzaba a cargarme con varias prendas que ella iba escogiendo. Estuve tentado de devolver varias mientras ella no miraba, pero bastó con un solo intento para ser descubierto y ganarme una reprimenda.

Luego de negociar un par de tenidas, hasta (por fin) ponernos de acuerdo, Paula me acompañó hasta el probador y se quedó esperándome afuera, exigiéndome que se las modelara.

Mientras intentaba embutirme en un pantalón ultra ajustado, pero que decía ser de mi talla, fue que noté que Paula intentaba vestirme como uno de sus actores de telenovela coreana que tanto le gustaban. Estuve a punto de abortar misión, pero respiré profundo, dándole una oportunidad a la tenida completa. Luego de terminar de ponerme todo, salí a mostrarle el resultado.

Paula me quedó mirando con la boca abierta y tan sonriente que pensé que en cualquier momento se echaría a reír a carcajadas.

—¡Wow! ¡Alex! ¿En verdad eres tú? —exclamó, impactada. La tenida consistía en un pantalón negro  ajustado, una polera con cuello en v, también oscura, encima una chaqueta delgada, negra satinada y zapatos a juego—.  ¡Es que pareces un modelo! ¡No puedo creer que nunca antes te habías sacado provecho! —añadió, cubriéndose la boca y sin poder contener una risa.

—Si vas a burlarte, mejor dejémoslo hasta aquí —dije fastidiado, haciendo el amago de regresar al camarín, pero Paula me detuvo, reteniéndome del brazo.

—No seas idiota, Alex. ¡Te ves muy bien! Hasta te diría que estoy lamentando que seas mi hermano. —dijo tirándome de la chaqueta para atraerme hacia ella y me miró con picardía.

—¡Ewww! —exclamé retrocediendo. Paula se rió fuerte y me soltó. También me reí con ella. En el fondo, agradecí que lo de verme bien no fuera broma, porque tenía que admitir que igual me gustaba como me quedaba el atuendo.

—¿Tienes hambre? —le pregunté de pronto, mientras hacíamos la cola para pagar en la caja—. Si quieres, después de que compremos algo para ti, te invito a almorzar... —dije tratando de sonar lo más casual posible.

Paula me quedó mirando como si estuviera ante un fantasma, paralizada y sin responder. ¿Por qué tenía que ser siempre tan sobreactuada para sus cosas?

—La oferta expira en diez... nueve... ocho... —comencé a contar.

—¡Sí, sí quiero! —dijo dando un salto con genuino entusiasmo. No creí que le hiciera tan feliz algo así de básico, pero igual me hizo sonreír, mientras llegaba nuestro turno para pagar.

No me conoces, pero soy tu mejor amigo¡Lee esta historia GRATIS!