Mississippi Queen (parte 2)

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Casi por la madrugada, logré que los agentes mordieran el anzuelo. Sofia, monitoreó sus actividades a través de las noticias. Como lo supuse, 100 millones de dólares vuelven loco a cualquiera...

No hubo necesidad de usar alguna clase de estrategia, ellos mismos se encargaron de hacer el alboroto necesario para que los medios llegaran a la escena.

Todo el mundo veía cómo, a las 12 con 20 minutos de la madrugada, los agentes Jackson y Kersey cerraron el aeropuerto comercial de Nueva York. Por todas partes, había controles de seguridad. El escuadrón de bombas fue el primero en entrar en acción. El pánico era exquisito; casi como una escena de una película mediocre —de esas donde siempre muere el malo—, el aeropuerto corría en desesperación y miedo.

Pero solamente había podido cumplir la primera parte del plan. Aún faltaba lidiar con el peligro más grande de todos.

Dejamos de perseguir a la espía de D' Alban, pasados algunos minutos de la media noche. Regresamos a mi departamento, necesitábamos poner en marcha la última parte del plan.

Arribamos al edificio a la una de la madrugada. Para ese momento, lo más probable era que D' Alban, ya se hubiera dado cuenta del engaño. Sin embargo, él jamás marcó o se contactó conmigo. Así que presioné un poco más.

—¿Tienes listo todo, Sofia? —Entré con rapidez a la oficina, donde varios del grupo trabajaban para triangular la posición del localizador que implanté.

—Casi tengo todo listo... Esto es un suicidio, Bradley; con esto le estás declarando la guerra a ese loco. ¿Estás...?

—Estoy más seguro que nunca —interrumpí—; deben confiar en mí y seguir mis órdenes al pie de la letra.

—Bradley —mencionó René, quien estaba sentada a unos metros de Sofia—, te seguiríamos hasta el mismo infierno, lo sabes bien. Pero... esto... Lo que quieres hacer es estúpido.

—No lo es... Simplemente, no estás viendo todo el plan.

—¿Y cómo podríamos? —René, contrajo su mueca mostrando su desapruebo—, no nos dijiste todo. Confío en ti... Todos lo hacemos, pero...

—No hay ningún «pero». René, no podemos dudar.

—Entonces, permítenos arriesgar nuestra vida contigo.

—No, la decisión ya está tomada. Sigan el plan. ¿Aún no hay señal de ese bastardo, Sofia?

—Negativo.

—¿Tienes el micrófono?

—Como ordenó, aún conservo dos micrófonos de él. Uno estaba en el broche de la bolsa de Joanne, y el otro estaba en uno de los pendientes de René.

—Necesitamos presionarlo más, ¿hiciste las modificaciones que te pedí?

—Sí, pueden oírnos, pero las voces están distorsionadas.

Levanté la mano, y pedí silencio absoluto. Le dije al oído a Sofia que diera la orden a los mercenarios que contratamos —esa misma noche—, para que siguieran a la motocicleta.

Después de un largo suspiro, Sofia hizo la llamada, y los mercenarios se pusieron en marcha.

—Cuando de la señal —mencioné—, activas el micrófono.

—Afirmativo, jefe.

Por unos instantes, cerré los ojos y contemplé gran parte de mi vida. Estaba a punto de meterme en una guerra contra el peor enemigo. Respiré profundamente y ordené que todos tomaran su posición.

Sauvage (+18) (Pronto En Físico)¡Lee esta historia GRATIS!