Capítulo 15- Estallido de colores

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Nota: Perdonadme por haber actualizado poco esta semana, pero quiero daros lo mejor de mí y no mucho de mí. Podéis pasaros por mi página web--- www.maribelsolle.com  ( me la ha hecho un amigo mío muy especial y me ha encantado como ha quedado, espero que también os guste a vosotras)

Gigi miraba a su alrededor con nerviosismo, había decidido encerrarse en su habitación. Debía pensar, meditar qué iba a hacer o , simplemente, decir. Dos eran los motivos principales que la tenían en ese estado: primero, haber sido descubierta espiando la conversación entre su esposo y su suegro - nadie podría haberse imaginado que Clarissa no huiría a tiempo- y segundo, los motivos de Thomas para divorciarse de su primera esposa. Había quedado completamente claro que esa mujer, a la que no conocía pero que se hacía inevitable recordar, era una mujer de dudoso carácter y salud mental. Ya que era incomprensible, al menos para ella, que una joven pudiera dejar a Thomas para irse con el padre de éste. No sólo por el parentesco, que ya era bastante nauseabundo, sino por el aspecto de uno y de otro.

Sí, se había quedado más tranquila. Thomas no había urdido un plan diabólico de los suyos para librarse de su antigua esposa y, al parecer, tenía motivos de peso para ello. No solo esta le había sido infiel, sino que lo había hecho de la forma más mezquina posible: con su padre y quedándose embarazada. Sin embargo, todavía quedaba una cuestión que la inquietaba: ¿por qué se había casado con ella? ¿ cuando se casó? No podía olvidar, aunque lo intentara, los cuatro años que había pasado llorando por su ausencia y en los que había llegado a pensar que estaba muerto. ¿Habría estado todo ese tiempo con ella? ¿La habría amado?

Otro motivo, no menos importante -aunque no principal- era la dote. A pesar de que Thomas había mentido acerca de ello, nada le aseguraba de que sólo lo hubiera hecho para protegerla o librarse del interrogatorio... y ahora estuviera subiéndose por las paredes preguntándose por el paradero de ese dinero. 

Con esos pensamientos estuvo encerrada hasta altas horas de la noche e incluso decidió cenar en la recámara. Se sentía egoísta, a ella no le molestaba vivir de ese modo, incluso era beneficioso para su alma la sencillez que la rodeaba,  sin embargo, no había pensado en ningún momento en su esposo. Sí, su esposo, por extraño que pareciese el calificativo eso era él y debía empezar a reconocerlo. ¿ Quién le aseguraba de que Thomas no estuviera sufriendo por la modesta vida que estaban llevando?  Lo veía atendiendo a un enfermo tras otro sin pedir nada a cambio y eso la llenaba de satisfacción pero no era necia, Thomas Peyton no era la clase de hombre que daba caridad. Lo hacía por ella, podía verlo en sus ojos, cuando ella se acercaba...como se tensaba...y como se tensaba ella. 

Las paredes parecían estrecharse y la oscuridad hacerse pesada, necesitaba salir. Al menos bajar a su despacho y leer, para abrir la mente y relajarse lejos de la realidad de la situación. Miró el reloj y comprobó que, efectivamente, era una hora lo suficientemente avanzada como para no encontrarse a nadie en el trayecto. Thomas era un hombre de costumbres y horarios y a partir de las once de la noche no salía de su alcoba, si no era estrictamente necesario. 

 Desde que había dejado atrás la vida de aristócrata refinada, había encontrado un gran gusto por los ropajes ligeros y  los corsés menguados. Así  que como tan sólo iba a bajar a la parte baja de su propia casa, se colocó una camisola de lino blanco con un discreto encaje rojo en el cuello, dejando caer la melena cobriza sobre los hombros. Muy silenciosamente abrió la puerta, no había luz y reinaba el silencio. Una punzada de remordimiento la atravesó, ¿debería haber preguntado cómo estaba Thomas? Por lo que había notado su relación con su padre no era, precisamente, buena ni agradable. ¿ Sería Charles capaz de acometer contra su propia familia para salirse con la suya? Era un pregunta retórica, estaba completamente segura de que así lo haría. El Conde de Norfolk era un hombre acostumbrado a vencer y salirse con la suya. De tal palo tal astilla.

Manto del firmamento ( IV Saga de los Devonshire)©¡Lee esta historia GRATIS!