37. Opuestos equivalentes

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Solae

Salí con Trinidad casi arrastrándola conmigo fuera del colegio. En ningún momento le dirigí la mirada, ni ella tampoco me hizo preguntas. En silencio asumimos que el plan de ir juntas al mall se mantenía. No tenía ganas de estar sola y por suerte ella parecía animada a acompañarme, aceptando incluso que nos fuéramos en transporte público, algo que para ella debía ser algo sumamente pintoresco. Fue ya arriba del autobús que nos llevaría al centro comercial y luego de sentarnos, que Trinidad recién me habló.

—Estás extraña, Sunny. Something happened? —me preguntó intrigada. Yo quería desahogarme, pero no se me ocurría cómo abordar el tema sin tener que contarle todo lo que estaba en mi cabeza.

—¿Qué es lo que te gusta de Alex? —le contrapregunté luego de un silencio, mirando hacia afuera, desde mi asiento que daba hacia la ventana.

—¿De Alex? Pensé que me preguntarías sobre mi conversación con Anton. —me respondió confundida—. No lo sé, solo me gusta. ¿Por?

—¿Podrías por favor ser más específica? —le pedí ahora mirándola a los ojos—. ¿Por qué, luego de todos estos años, recién ahora te fijas en él?

—Definitivamente estás muy rara. —repitió—. Who cares? ¿Qué importa? Tú también, después de ser amiga de Anton durante toda una vida, recién ahora lo tienes de novio.

—¿Verdad que sí? ¿Por qué recién ahora está pasando todo esto? Siento que algo muy extraño sucede entre ellos dos.

El autobús se detuvo a recoger más pasajeros. Revisé brevemente mi celular para ver en qué parte de la ruta íbamos.

—¿Algo extraño entre Anton y Alex? —me preguntó.

—Sí. Como si hubiese una especie de conexión entre ellos.

—¿Acaso estás sugiriendo que ellos... —se acercó a mí oído antes de continuar hablando— ...son gay? —susurró.

—¡Nooo Trini, no así! —reclamé riéndome y empujándola por boba—. No sé cómo explicarlo, pero es como si compartieran varias cosas en común. Es como si ellos dos fueran... —no me atrevía a mencionar la idea en voz alta, ya en mi mente sonaba demasiado ridícula.

—¿Como si fueran la misma persona? —me preguntó casual y la miré desconcertada. ¿Acaso estaba de acuerdo?

—¡No me mires así, como si pudiera ser cierto! —me dijo riéndose de lo seria que me había puesto y me frotó la cara con suavidad—. Pero no te niego que a pesar de que aparentan ser totalmente opuestos, sí he sentido algunas de esas similitudes. Estoy convencida que ambos emanan el mismo tipo de feromonas.

—¿Feromonas? ¿En serio me vas a hablar de feromonas? —pregunté alucinada. Trinidad era increíble.

—Soli... digo Sunny. —comenzó, reacomodándose en su asiento y aclarando su garganta—. Ya que estamos sincerándonos y que tú eres my BFF, mejores amigas forever and ever y todo eso... —hizo una pausa mirando hacia afuera para comprobar en dónde íbamos y continuó—. Antes. No ahora, sino antes de que fueras novia de Anton... yo también sentía cosas por él.

Trini me miró para comprobar mi reacción, pero al ver que no hice amagos de querer asesinarla, continuó—. Pero como te respeto mucho, y ahora que Anton está oficialmente ocupado por ti, comencé a sentir que Alex reemplazó ese lugar rápidamente en mi corazoncito. No sé cómo ni cuándo ocurrió exactamente, pero es como si todo lo que sentía por Anton se hubiese traspasado hacia Alex. Es como si Alex...

—Como si Alex fuese equivalente a Anton... —completé envuelta en una especie de trance y Trinidad quedó mirándome, con recelo.

—No. Bueno sí. Algo así. —dijo levantando una ceja mientras lo evaluaba, no sé si convenciéndose del todo—. Pero Soli ¿Ahora sí me vas a explicar a qué vas con todas estas ideas raras? Cualquiera diría que ahora te interesa Alex...

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