Capítulo 44

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Giselle.

Me veo en el espejo y no puedo dejar de sonreír. Mamá y papá me miran con orgullo y eso me alienta a sonreír un poco más. Nunca pensé que me vería así de linda y femenina.

Mi maquillaje es sencillos, mi cabello está peinado en un moño de lado que deja suelto algunos cabellos cayendo sobre mi hombro izquierdo de forma ondulada, y tengo un pequeño broche dándole brillo. El vestido luce hermoso, tal y como lo recuerdo. La falda es tan larga y abombada que esconden mis tacones blancos.

Ya estoy lista. Wendy y mamá corren hacia el lugar en donde se realizará todo, dejándome a solas con papá, el cual sonríe un poco.

— Te ves hermosa — declara, caminado hacia mí y tomando mi mano.

— Gracias — digo, regalándole una sonrisa.

Papá deja un beso en mi frente y luego se coloca a mi lado, entrelazando su brazo con el mío.

— Es hora — lo veo hacer una mueca y luego me guía hacia el lugar destinado —. Estás a tiempo para arrepentirte — su declaración me hace soltar una risa nerviosa.

— Estoy segura de esto, papá — aseguro.

— Bien — masculla —. Vamos ya.

Durante todo el camino, siento como mi corazón late con tanta fuerza que creo que en cualquier momento se escapará de mi pecho. Se me hace casi imposible respirar, y tengo una opresión horrible que no me permite llenar de aire mis pulmones. Estoy nerviosa hasta la mierda, pero al mismo tiempo estoy emocionada. Agarro con fuerza el brazo de mi padre y doy una bocanada de aire cuando entro a la estancia. Todos los presentes se colocan de pie y trago con fuerza, no obstante, el nudo no deja que la saliva pase por completo, incluso creo que eso ayuda a intensificar la sensación asfixiante.

Mi mirada recorre los rostros de todos y trato de sonreír cuando mamá eleva sus dos pulgares en alto. Me obligo a mirar todo con rapidez y sé que busco — aunque no lo quiera admitir — a Stefan y — entre otras cosas — a Seam.

Le hago una señal a papá para que pare un momento, y cierro los ojos con fuerza al sentir como el suelo debajo de mis pies tiembla. Los escucho preguntar si estoy bien y, cuando asiento y abro los ojos nuevamente, empezamos a retomar nuestro camino

Una sonrisa se desliza en mi rostro cuando mi mirada se encuentra con la de Chase. Se ve muy guapo vestido con un esmoquin negro y una corbata a juego. Su cabello blanco está perfectamente peinado hacia un lado y muerdo mi labio al sentir, de pronto, ganas de llorar.

Agarro con fuerza el ramo entre mis manos y solo me dedico a perderme en su intensa mirada. Papá se planta frente a Chase y lo saluda antes de entregarme a mi prometido. Me despido de él con un fuerte abrazo y un beso, y luego tomo la mano de Chase. Me coloco frente a él y, entonces, en el lugar solo estamos él y yo, no hay nadie más, ni mis padres, ni amigos, ni nuestros invitados, solo él, solo yo, las palabras del juez y las lágrimas que derramo de apoco, lágrimas que Chase se apresura en limpiar.

Mientras Chase y yo repetimos las palabras que el juez ordena, nos colocamos los anillos y, entre aplausos y silbidos eufóricos y emocionados, nos declara esposa y esposo.

La emoción es tan grande que no puede soportarla mi pecho. Siento como mi corazón da varias volteretas debido a la alegría. Mis manos se colocan en los hombros de Chase y las suyas en mi cintura, y entonces, nos besamos. Su boca se abre para recibir mis labios y nos sumimos en caricias suaves y al mismo tiempo apasionadas. Una sonrisa se abre paso en mis labios a mitad del beso y siento como Chase imita mi acción. Los gritos y aplausos suben su intensidad cuando nos separamos y nos abrazamos con fuerza. Lo siento dejar un rápido beso en mi frente y entrelazamos nuestros brazos para empezar a caminar por el pasillos, entre los invitados. Le dedico una sonrisa a mis padres y siento mi pecho contraerse cuando veo a papá sonreír y soltar una que otra lágrima. 

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